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Un día para odiar Tailandia (y muchos otros para amarla)

A veces sucede, ¿cómo evitarlo? A pesar de que puedas pensar que Tailandia es un paraíso en la Tierra (que en cierta forma lo es), que la gente es de lo más amable (que también) y que pienses que eres afortunado porque el destino, eso que sirve de excusa para camuflar nuestras decisiones que determinan nuestra vida, te ha permitido vivir una vida diferente, te ha concedido el privilegio de conocer otra cultura, y muchas más cosas chachi-pirulis, pues bien, sí, a pesar de eso, hay días en que te levantas torcido, todo se te pone de cruz y maldices tu existencia por vivir en Asia, lugar de contradicciones, de situaciones extrañas, bizarras, pintorescas, surrealistas, estresantes, cargantes, frustrantes o todas ellas a la vez.

Ese día cualquiera te despiertas bien pronto, quizá no querías, pero es inevitable, son las 7 de la mañana, es sábado, querías dormir un poquito más, pero entra un Sol radiante por tu ventana y es posible que en la esquina ya haya comenzado esa obra que te martiriza un poco cada día o que motos de niñatos rujan por las calles como lobos hambrientos en busca de su sopa de fideos mañanera. Algunos no perdonan, ¿qué digo algunos? ¡Ninguno!

Sigo. Hoy has decidido hacerte un masaje thai para desentumecer la musculatura, castigada por el Running y por las demasiadas horas sentado delante del ordenador. Quedas a una hora prudente (10 a.m) con tu masajista habitual, para lo cual cuadras todo para poder llegar allí "on time". Después de jugarte la vida en las calles con tu motito (siguen sin perdonar, son las 9:30 de un sábado con ese Sol ya inclemente y la gente lleva horas en la calle corriendo de aquí para allí, como si fueran las dos de la tarde en España), llegas justito a la hora, por aquello del quedar bien (si ellos supieran el concepto que tenemos de la puntualidad en nuestro pais, pero ellos, ellos que van a saber..!) para darte cuenta de que tu hombre no está, no se encuentra. La segunda también te cae directa.

Todo cabe

Bueno, estar si que está, pero escondidito detrás de una mampara comiendo o desayunando, o las dos cosas a la vez o que más da de nuevo. Ellos a la que tienen un ratín, pues ala, a comer. Cuando asomas furtivamente y lo ves, te dice, sin verguenza y sonriendo: "Eh, gin khao", no no es ninguna marca nueva de gin-tonic, es precisamente eso, que está comiendo y me toca esperar. Bien chico, bien, "Sabai, sabai", algo así como, "Vale, vale no te estreses chavalote" ya empezaremos más tarde, si total para que las prisas...

Uno de los objetivos del masaje es relajarse, además de darle un merecido descanso a un cuerpo castigado del día a día asiático. Pero resulta que tu hombre hoy tiene el día alegre y está más por parlotear con sus compis, reir mientras trabaja tus músculos y de vez en cuando atender al móvil o saludar a los amiguetes que pasan por ahí. Qué le vas a hacer, tampoco puedes decir nada, no vaya a ser que se ponga nervioso, que tengamos un conflicto cultural o algo por el estilo, ya que el tipo apenas habla nada de inglés. Esta es su concepción de la vida, del trabajo: en todo lo que hagan se han de divertir y pasarselo bien, como si estuvieran con la pandi, contándose sus cosillas, si no, se estresan y no funcionan. Y nosotros que pensábamos que cuanto más cara de malo pusiéramos en la oficina mejor... Pues chico, a este lado del mundo la cosa no funciona asín, más bien todo lo contrario. Si te ven con cara de malas pulgas se asustan mucho, se apartan un poco por si acaso y te dicen : ¿Por qué tu enfadado amigo? No enfadarse, enfadarse no bueno... ¿Algun día lo entenderemos? Ellos lo tienen claro.

Total, que de relajo hoy cero pelotero. Salgo de mi masaje y me voy a comer. Quedamos en un pequeño puestito local que hace unos platos deliciosos a buen precio, ya hemos ido algunas veces por allí, así que la cosa está chupada, o eso creíamos... Cuando llego algo me huele mal. No veo el lugar. ¿Me habré equivocado? Juraría que no. Olfateo las esquinas, reviso los edificios, me fijo en las referencias que se quedaron grabadas en mi memoria: un seven-eleven a un lado, una cafetería al otro lado, todo parece correcto, pero no, ha de ser aquí, pero pero....¿dónde demonios está el chiringuito? ¡Pues no está! ha desaparecido y en su lugar ahora hay... una tienda que vende cascos de moto! Dios, Einstein volvió a estar equivocado, el no vino a Asia para comprobar que SÍ que existen cosas que pueden viajar a mayor velocidad que la de la luz: el traspaso de negocios ! Hoy eres un restaurante, vale, mañana una tienda de cascos de moto, pues también vale, pasado una peluquería? Pues también, así son las cosas por aquí... Así que mejor buscar otro sitio y a correr.

El siguiente objetivo de la jornada es llevar mi cámara de fotos a reparar, problemillas con el visor de la lente, aquí las cosas también se estropean mucho (putos chinos...). Bien, un corto recorrido en moto a esta hora del mediodía y con más chinos que acaban de aterrizar a pasar aquí su fin de año y el tráfico, hace insufrible llegar a la tienda de las cámaras del carajo. Cuando llegas, ¡PUM! La tienda ya no existe, en su lugar han puesto un almacén con 20 colgadores de pantalones de saldo y una chica que no para de hablar por el móvil. Parece aquello un solar, sin una luz, sin un simple poster en la pared, ¿qué más da? Si lo que hay que hacer es vender pantalones a degüello a dos euros en lugar de Samsung Galaxys, pues pongámoslo como sea, tu dale caña Phrayakonotin Chrapanporn (el Pepe Pérez de turno) ¿para que complicarnos la vida?

En el impás, intentas que alguien te explique dónde ha ido a parar la tienda de marras, pero están muy ocupados con sus smartphones mientras sorben cafecitos o sopas de fideos, o todo junto. Finalmente das con alguien que te chapurrea que la tienda en cuestión está en otro centro comercial al otro lado de la ciudad. Mecagoentoloquesemenea, a pillar la moto otra vez! This is Asia!

Moto de nuevo, jugarte la vida, más chinos que no dejan de llegar, aviones que surcan los cielos cada cuarto de hora. Esto es Apocalyse Now? Oh Dios, yo hoy quería relajarme! 

Llego a la citada tienda. Hay tres amables dependientes para atender a ningún cliente (bueno, sonríen que no es poco, pensemos en España, habría uno, seguro que estaría haciendo la pirula tomándose el café y te recibiría con cara de mala hostia por joderle el descansito). Dos de ellos no hablan nada de inglés con lo que siguen a lo suyo (ya sabemos, feisbuk, guachap, etc) y el otro me atiende cansinamente con un ojo en mi camara y el otro en el móvil. ¡Enfermos! Consigo arrancarle que ellos no pueden hacer nada y que lo lleve al Samsung Service, ¿a que no imagináis donde? Efectivamente en ese otro lado de la ciudad que me queda por ver hoy...

Decido que ya no más, lo dejo para el lunes, total seguro que llego y me dicen que hasta el lunes no pueden hacer nada, así que desisto. Agarro la moto de nuevo, tardo como 15 min en salir del parking lleno, un jaleo de gente, de coches, de motos, de chinos de nuevo por todos los lados, y me digo: ¿Yo no me venía a Asia a meditar, a vivir relajado, a ser más íntegro, menos consumista, bla, bla, bla?

Dejémoslo por hoy que me pongo malo. Pensaré en esas playas, en esos mares verde-azul, en esas montañas y en esos templos para olvidar que muchos días el peaje que has de pagar por vivir aquí es éste, este casos y desconcierto que todo lo gobierna, este hoy es una cosa, mañana es otra, pasado ni me acuerdo y al otro yo qué sé. Este vivir sin normas ni reglas ni tiempos ni na de na. Esto es Asia amigos, el que quiera venirse que se prepare. Lo que si que os puedo asegurar es que, aburriros, no os vais a aburrir... ¡Seguro!
 
Pero este paraíso lo compensa todo, ¿o no?...

4 comentarios:

  1. ¡Qué bueno Iñaki!

    Mira, me quedo con lo primero que dices. El destino -que no deja de ser más que la voluntad de nuestros actos- te ha puesto en este lugar del mundo. Y seguramente es porque así lo deseabas.

    Aunque como te pille el día torcido, Asia puede ponerte muy de los nervios. Y oye, que en Tailandia aún más o menos vas tirando. El sabai sabai y el sanuk pueden ser algo pejilleros a veces. Pero mucho mejor que lo que ocurre en China.

    Me he reído con tu relato de desgracias tailandesas que te pueden pasar en un día. Aquí lo de que desaparezcan lugares donde comer es, desgraciadamente, porque cogen el terreno para hacer más condominios.

    Y sí, aburrirte no será algo que te ocurra en Asia. ¡Saludos!

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  2. Pues si Luis, la verdad es que vivir en Asia requiere ser de una pasta especial, aunque las recompensas son muchas. Eso si, de vez en cuando conviene desconectar y pegarse un "chute" occidental para poder compensarlo. A mi este chute me toca ahora dentro de unas semanas, espero volver renovado porque ahora me quedan poquitas fuerzas, estoy casi casi en la reserva. Un saludo!

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  3. Bueno, ¡seguro que sienta genial! Sobre todo porque vas a llegar a la primavera española, que siempre es de agradecer. No te olvides de Asia, que aquí parece que también habéis hecho un hogar :)

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  4. No me olvido, siempre llevo un pedacito de ella dentro de mí, aunque es como la familia, a veces necesitas tenerla bien lejos por una temporada para resetear y volver a comenzar. Seguire tus historias desde allí eso seguro!. Un abrazo!

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