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Las dos grandes corrientes del Budismo: Theravada y Mahayana

Sigo con el tema de Budismo. En la anterior entrada me quedé describiendo las dos grandes corrientes Budistas, la Mahayana y la Theravada. Pero quizá antes de poder seguir con esto, tenga que explicar algunas cosas más. Bien, partimos de que Buda se iluminó, es decir, alcanzó el Nirvana, la comprensión completa, el despertar y la liberación del alma o karma. Entonces terminó su existencia, es decir, murió, pero no sólo su persona física, también su alma, ya que ya había cumplido con su cometido en la vida. ¿Qué significa todo esto?, se estará preguntando alguno. No suframos, yo todavía sigo haciéndolo...

El Budismo postula que la vida es sufrimiento, que el alma humana, o karma, vaga por los siglos y milenios reencarnadose en cientos, miles de formas de vida. A diferencia del Cristianismo, en el que la resurrección de los muertos sólo ocurre una vez y ésta significa que la persona, tal y como la conocemos, revive literalmente, con su misma personalidad, rasgos físicos, conciencia, pensamientos y personalidad, en el Budismo la reencarnación es un concepto un poco diferente. El karma, una entidad incorpórea y etérea, se reencarna pero por medio de una especie de apropiación (no sabemos si indebida o no) de alguna forma de vida, pasada o futura y no siempre necesariamente humana.

Así, por miles y miles de años, un karma ha podido estar metiéndose en la piel lo mismo de una persona, que de un sapo o de una mariposa. Esto es consecuencia de la doctrina de los 8 nobles principios que ya comenté anteriormente. Ésta establece que existen escalas o rangos de formas de vida, más o menos evolucionados e importantes y que en función de las experiencias o méritos en esa anterior vida, el karma vuelve a reencarnarse en una forma de rango superior (si se ha sido lo suficientemente bueno) o inferior, si resulta que los méritos u obras que uno haya acumulado durante su anterior reencarnación no han sido muy meritorios que digamos. Así que si has sido bueno, la próxima te puede tocar una persona muy elevada de espíritu, un monje, un maestro o un gurú, pero si has sido un poco traviesillo quizá te toque ser un gato, un perro o una culebra. Hago aquí un inciso y recomiendo leer el libro "Maldito Karma" de David Safier, una novela entretenida, de fácil lectura, que trata del karma y las reencarnaciones de sus diferentes personajes, con mucho sentido del humor y un punto de cinismo. Un descubrimiento el de este hombre. Lo que me extraña es que sea alemán, lo digo por lo del sentido del humor...


Para el Budismo el alma o karma pulula durante miles de años desnortado, intentando entender los misterios de la vida y por ello necesita vivir diferentes experiencias vitales, pero a todos lo niveles, con todas las formas de existencia imaginables del Universo, tanto las sublimes y que están por encima del ser humano, como consciencia o amor, como otras un poco más míseras del estilo animales o espíritus perdidos en las penumbras. A este vagar casi eterno del karma se le conoce como Samsara, palabra en Sánscrito que significa eso precisamente, divagar, rodar sin rumbo. 

Este cambiar de piel ineludible y del que nadie puede escapar recibe el nombre de la rueda de la vida, o Dharma, proceso vital por el que pasamos todos, algunos, o quizá la mayoría durante casi toda la eternidad. Este pulular, este Samsara a través del Dharma es lo que constituye el sufrimiento de la existencia y el Budismo, a través de los 8 nobles principios, enseña primero a darse cuenta y constatar que este hecho es así, que la vida es sufrimiento y segundo, a cómo crear las "herramientas" espirituales y de acciones para aceptarlo y al final del proceso vital poder escapar de este ciclo infinito. 

El karma navega a la deriva entre miles de vidas y millones de experiencias para siempre terminar dándose cuenta que le falta algo, que el rompecabezas no está completo y aun queda alguna vida más por ser vivida. Salir de este ciclo cansino e infinito, de este sufrimiento cuasi eterno es alcanzar el Nirvana, el entendimiento, la comprensión completa, la iluminación, el despertar. Cuando esto se produce el alma ya no vuelve a reencarnarse, ya que no lo necesita, ya aprendió todo lo que necesitaba. Pero tampoco muere, sino que se une con el todo, el centro de consciencia y energía que podríamos considerar el Dios del Budismo. Este centro de energía, consciencia y completitud no es otro que el amor.

Rueda del Dharma en templo Budista de Katmandú, Nepal

De cómo se interpretan estos conceptos en el día a día de la gente, nacen las dos corrientes mayoritarias del Budismo: Mahayana y Theravada. Para un extranjero es un poco difícil, por no decir muy difícil entender las diferencias de concepto entre ambos. Por mi experiencia y lo que he leído, una valoración muy general sería que el Budismo Mahayana es una corriente un poco más "purista" y ortodoxa, en el sentido que ve cómo algo alcanzable para las personas en esta vida la liberación y la iluminación, es decir, el Nirvana. Paralelamente el Budismo Theravada sería una corriente más relajada o "light", adaptada a los tiempos modernos, que visualiza los conceptos de liberación como algo más abstracto, más etéreo y complejo de alcanzar y se centra más en el día a día de la existencia. Por entendernos y aun a riesgo de simplificar mucho, Mahayana atiende más a las razones del espíritu y más elevadas y Theravada es más práctico y va más al grano. No es raro entonces entender que esto determine mucho el cómo son los países donde se practican uno y otro. Mahayana en países menos desarrollados o menos occidentalizados y Theravada en países con una mayor influencia de la cultura moderna. Y aunque esto quizá un estudioso lo vea como una temeridad, ya que las dos corrientes existen desde antes de la influencia modernizadora, no es menos cierto que a raíz de ésta, se han podido notar más las diferencias en cómo cada corriente afronta las cuestiones vitales de su filosofía.

En mi caso y viendo cómo esto afecta al día a día de las personas, dudo mucho que en los países del Sudeste Asiático que conozco, la gente que practica el Budismo crea en un Nirvana al final de sus días. Ellos de alguna forma han rebajado un poco sus pretensiones y se conforman con hacer cada día más méritos para en su siguiente vida disfrutar de ser una mejor persona, con más oportunidades, o nacer rico o ser un príncipe, por decir algo aunque parezca un poco frívolo a nuestros ojos, pero es así. Es la cultura de la meritocracia, en la cual cuantas más buenas acciones se realicen en esta vida, mayores son las posibilidades de disfrutar de una mejor vida a la siguiente. Y cuales son estas acciones de meritocracia? Pues rezar cada día, hacer ofrendas a Buda y a los monjes, ser un poco más amable con el vecino, pedir por las personas pobres, o las que están enfermas. Es cierto que esto hace que efectivamente el clima de convivencia sea más amable y distendido que en otros lugares (pensemos en España y nuestra habitual mala leche) pero por otro lado hay una doble cara que los extranjeros pocas veces vemos. Por ejemplo, en Tailandia es muy común que un thai no exprese sus sentimientos y que detrás de una sonrisa no sepamos muy bien si puede haber timidez, miedo o incluso rabia ante situaciones determinadas. Es por ello que mejor no estar delante cuando se cabrean. No lo hacen a menudo, pero cuando lo hacen, de verdad que pierden los papeles y hasta a veces pueden resultar peligrosos... Es ese querer quedar bien, ese no expresar rabia y sentimientos, esa contención, lo que condiciona mucho su forma de ser hasta el punto de convertirse en una especie de prisión mental y de acción de la que es difícil salir ya que toda la sociedad en su conjunto se comporta de la misma forma. 

Por otro lado, en el Budismo Mahayana, recordemos el que se practica en Tíbet, Nepal, Sur de la India, Sri Lanka o China entre otros, la consecución del Nirvana es algo posible y al alcance de la mano en esta vida. No es raro notar entonces en estos países un mayor énfasis en cuestiones más "elevadas" como la iluminación, la ruptura del ciclo de las re-encarnaciones o el fin de la existencia Esto se nota en el día a día de la gente. Yo personalmente he notado menos materialismo en estos lugares, menos preocupaciones en tratar de "acumular puntos" para ser mejor cada día. Aunque de una forma muy sutil, he visto más enfoque en cuestiones "de fondo". Quizá estoy equivocado, quizá las diferencias sean otras o yo no haya sabido verlas, es muy posible que existan muchas más cosas en el "subsuelo" fuera del alcance de mi comprensión, pero no creo estar equivocado en que al menos una de ellas es ésta que expongo. A mi si me ha ocurrido que encuentro más real y creíble, al menos más honesta, la concepción Mahayana del Budismo, que la corriente Theravada, en la que a veces todo me parece una especie de circo materialista en el que se ha perdido un poco el origen y los principios en pos de un "materialismo religioso" basado en la construcción de templos, el excesivo culto a la institución de los monjes y un mercadeo exagerado de parafernalia budista que vive alrededor de este conglomerado.

La verdad es que, y esto es una opinión muy subjetiva, me siento más cerca del cielo del Nirvana en Nepal o en la India, que en Tailandia o en Laos. En los primeros puedo sumergirme fácilmente en una atmósfera de paz y meditación en medio de las montañas. En los segundos, puedo perfectamente estar rezando en un templo con más oro que en El Dorado mientras un grupo de monjes chatean por sus blackberries como si nada ocurriera y cientos de personas vienen a rezar, encienden sus inciensos, depositan sus ofrendas y cómo tal se van por donde han venido pensando en cuantos puntos han sumado con sus acciones. Quizá sea una imagen rebuscada, pero no deja de ser significativa de las diferencias. A veces en los pequeños detalles se esconden las más grandes cuestiones.

En cualquier caso, en uno u otro, esperaremos que, sea como sea, nuestra siguiente vida pueda ser mejor que ésta y si tenemos un poco de suerte, cese el sufrimiento y alcancemos el Nirvana. 

Eso si queremos, que yo aún no lo tengo claro...

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