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200 posts (y parte II)

Enero-Abril 2013

Que tendrá de raro esta vida que las cosas largamente anheladas años atrás terminan produciéndose ni cuando toca ni cuando ya se las espera. O sí. 

Durante algunos años de instituto, recuerdo que anhelaba ser mayor, tener dinero y poder comprarme los discos de Dire Straits. Cosas de adolescencia... Pues bien, cuando lo tuve, al menos un poco, o ya no me gustaban los chicos de Mark Knopfler, o peor, ya no había discos! Primera vez tarde.

Bilbao, mi Bilbao de toda la vida...
Mucho después suspiré durante tiempo por acabar la carrera, tanto, que cuando este momento efectivamente llegó, casi fue tan de trámite que apenas lo celebré, hasta el punto que ni siquiera me hice foto de la orla, hecho este por otra parte, que aun a día de hoy lamento un poco. Dos veces tarde.

Después, una vez en BCN, estuve durante una época tontamente suspirando por volver a Bilbao. 

Al cabo de más 10 años, al volver de forma temporal, me encontré con sensaciones encontradas tan recurrentes en todo emigrante. Los primeros días todo es maravilloso, te preguntas como puede ser que hayas tardado tanto en darte cuenta y de que quizá ya es hora de dejar de dar tumbos por el mundo y en la vida. Al fin y al cabo, si el 95% de la gente que conoces siguen aquí y son felices, ¿por qué tu no? 

Pero el hechizo dura lo que a Cenicienta le tarda en llegar la medianoche...

Al cabo de unos días llega lo inevitable, se hace oscuro y todo se pinta del color verdadero, ese que no querías ver pero que no por ello deja de estar ahí. Te das cuenta de que si bien es cómodo que las cosas las entiendas y por ello tengas referencias a las que agarrarte, tú has cambiado y es por eso que esas referencias te aburren, te molestan hasta incluso te cabrean. Está bien que todo siga igual, pero para quien lleva tanto tiempo fuera esa quietud e impermanencia de las cosas, de los esquemas y de las situaciones ya sabidas, choca tanto como si estuvieras en un nuevo lugar, en un país diferente. Te ataca una sensación extraña difícil de explicar que es la de ser extranjero en tu casa y te das cuenta de que ni tu puedes explicar con cierta certeza qué es lo que te pasa, ni los demás acaban por comprender realmente de qué diablos les estás hablando.


Tercera vez tarde, con esa eterna y repetitiva sensación de no llegar a tiempo, de no saber a qué pertenezco ni donde están mis referencias. ¿Soy baby-boomer de los 70? ¿o generación Naranjito de los 80's? ¿o JASP de los 90's? ¿o Dinky en los 2000? ¿o  emigrante Spanish de los 2010's? 

Nunca lo sabré, porque como siempre, la respuesta me llegará, ¿pero cuándo? Un poco tarde...

No obstante y pesar de todo 3 meses de Athlétic, montaña, amigos y familia tampoco es tan malo, ¿no?


Desde Abril 2013


En abril de este año tome la decisión que llevaba tiempo dando vueltas a mi cabeza. Volver a marchar de España. Después de tantos meses en barrena, como aquel jugador que estuviera lesionado en el “dique seco” volvía de nuevo de la grada al campo de juego. Pero esta vez sin retorno, o al menos, sin un retorno evidente o condicionado por un billete de vuelta. La idea era mezclar viajes y negocios, a pesar de que para ello tuviera que sacrificar la otra parte del título de mi Blog, el que da sentido a su existencia y a su vez a la mía: La Montaña…


Un primer mes en Malasia con unos días en Singapur,  para volver a hacer boca de lo que es viajar, esta vez un poco diferente, con fechas límite propiciadas por el comienzo de trabajo de Elena en Tailandia. Un nuevo proyecto y reto se nos venía encima casi sin habernos dado cuenta.

Las Petronas de KL
Vivir en Tailandia. Suena bien, casi un sueño cuando visitamos este país durante cuatro meses en el 2011 y que ahora se hacía realidad. A pesar de ello, realidad, ficción y sueños a veces no encajan del todo bien por culpa de esta nuestra pequeña mente pensante que no deja de idealizar, de soñar sin ser consciente de que toda realidad trae consigo sus pegas y su letra pequeña, la que apenas nos molestamos en leer antes de firmar “el contrato”.

Pues bien, como todo país, Tailandia tiene sus cosas buenas y otras no tanto. Estos meses han sido propicios para hacer pequeños viajes, redescubrir el país con más calma, más lentamente, sabiendo que viviendo en él, tienes más tiempo que siendo un simple viajero de paso. Coger la moto, descubrir la naturaleza y el verde de este norte tailandés, que cada vez va siendo más conocido pero al que aún le queda para competir con las playas (mejor que así sea, la verdad). Pero esa misma moto es la que también te lleva por las calles de ciudades congestionadas, con humos y tráficos, con atascos,  con gente por todas partes y caos allá por donde mires. Crecimiento desmedido, polución, basura, falta de conciencia de una sociedad que crece y crece sin parar ni pensar,  sin ni tan siquiera importarle lo que pasará, no ya en el mañana, sino dentro de media hora. Una vorágine que consume los recursos a una velocidad endiablada y que no se para ni se detiene, ni toma ejemplo ni conciencia de ver cómo se repiten, una y otra vez, todos y cada uno de los errores que hemos cometido nosotros los occidentales y por los que ahora pagamos y pagaremos durante décadas.

Chiang Mai, un nuevo lugar en el mundo para comenzar

Sociedad tailandesa difícil y cerrada, altamente proteccionista y donde no es sencillo conseguir trabajo para un extranjero sin pedigrí ni padrinos como yo. Un nivel de inglés inexistente y endémico que hace el día a día, unas veces gracioso, sí, aunque cuando los vives en de continuo, puede acabar resultando incómodo y algo frustrante.


Aparte de las decepciones, también ha quedado tiempo para otros proyectos. Viajes por Indonesia, a otras zonas de Tailandia y un proyecto de trabajo en Singapur frustrado a última hora en extrañas circunstancias.

Singapur, tan grande en riqueza como en voracidad y avaracia
Ha habido de todo en estos casi 5 meses; bueno, malo, regular, extraño… Aun así, aunque hay días y días, sigo conservando esa esperanza, esa lucecita que me dice que todo esto es una prueba, un perder para ganar más tarde, un caer para luego levantarse, una y otra vez, sin pausa, y que solo el hecho de continuar, de seguir,  de no derrumbarse, ya es en sí mismo una victoria, pequeña, pero victoria al fin y al cabo. Y que lo que si tengo claro es que saldré de aquí, me levantare y seguiré, continuaré, haciendo camino al andar, porque soy solo yo, y nadie más, el que escribo mi destino.
Y aquí esta esté Blog para contarlo, espero que durante otros 200 posts en los próximos años.

Indonesia, pobre en riquezas, rica en espíritu
 

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