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Norte de Lanzarote: Pueblitos blancos y otras atracciones

El norte de Lanzarote está dominado por un paisaje abrupto de lava. Aquí es donde empiezas a darte cuenta de que has aterrizado en un mundo que no parece ser de este mundo. Todo ello es debido a las erupciones de una montana cónica que domina el paisaje de esta parte de la isla mires donde mires: el volcán de la Corona. La más reciente data de hace tan solo 300 años. Y geológicamente parece ser que 300 años es tan solo un suspiro, un anteayer de nada en la historia del planeta.

Pues esa erupción, esa vomitera de lava que cubrió todo el paisaje hace tan solo 3 siglos, es lo que se puede admirar en toda esta zona norte, donde ríos de lava ya petrificados (aquí llamados Malpaís) bajan del volcán hacia el mar. En algunos lugares forman un "tubo volcánico". ¿Y esto qué es? Pues resulta que todo el volcán expulsaba chorros y mas chorros de lava, unos superpuestos encima de otros. Al solidificarse antes los chorros más exteriores por estar en contacto con la atmosfera, provocaba que por el interior siguiera fluyendo la lava en su camino al mar, encajonada dentro de ese tubo cerrado. En algunos tramos del tubo, el techo se ha caído o ha cedido dando origen a lo que aquí llaman "jameos" que no es otra cosa que una abertura al cielo abierto dentro de ese tubo volcánico. El más famoso de ellos es el conocido como "Jameos del Agua", que fue diseñado y acondicionado por Cesar Manrique, un artista lanzaroteño que "hacia de to" y que es toda una institución aquí. Muchas de sus obras son emblemas de Lanzarote y se encuentran repartidas por toda la isla.

Los Jameos del Agua es una atracción abierta al turismo y son una de las visitas más interesantes. Caminando por el interior lo que más llama la atención es un lago natural que se ha formado por las filtraciones de agua en el subsuelo desde el mar. Todo el complejo se encuentra por debajo del nivel del mar, de ahí las filtraciones. En sus aguas cristalinas habitan unos diminutos cangrejos blancos, únicos en el mundo. Los pobres son ciegos y tan frágiles que bastaría sacarlos del agua para que muriesen en pocos segundos.

El lugar da mucho juego, ya que parece que en verano sirve de local fashion, con barras de bar de piedra blanca escondidos bajo techitos de roca, muy rollo Ibiza con pistas de baile y un restaurante de moda. Tambien hay un auditorio subterráneo bajo la roca con una acústica digna de los mejores teatros.

En resumen, es verdad que es un poco turístico pero puedes ir a tu aire y tomártelo con calma. No hay un límite de tiempo para hacer la visita, así que más o menos puedes ir haciendo fotos cuando las hordas de tours ya hayan pasado o tomar ese cafecito tranquilo en una gruta cuando el resto del gentío se haya ido hacia el lado contrario. Así que los jameos se dejan querer y a pesar de estar un poco masificados, no ha sido algo "molestoso" como nos suele ocurrir en este tipo de sitios.

Bien, ya que nos hemos puesto la gorra de turistas por unos días, tambien hemos ido a otros lugares del estilo. Más arriba de los jameos, esta la Cueva de los Verdes, que se encuentra dentro del mismo cono volcánico aunque esta es una cueva totalmente cerrada, no hay ninguna abertura, ya que los techos no se han caído. Para entendernos, lo que viene siendo una cueva de toda la vida, vaya. Aquí ya la cosa fue un poco decepcionante para mi gusto, a pesar de que la cueva es espectacular. El problema es que apenas te dejan disfrutar de ella. Te obligan a hacer un recorrido en un tiempo establecido y vas de la mano de un guía muy "institucional" más preocupado de decirte “atension señore y señora tengan cuidado con la cabesa que no se peguen en la roca” que de explicarte un poco en detalle la historia de la cueva. Bueno, se ve que llevar casi 20 años, como el mismo nos dijo, enseñando la misma cueva a miles y miles de personas, le ha llevado a quedarse tanto o más quemado que la propia lava.

Salimos de la cueva un poco decepcionados y nos fuimos a la siguiente parada: el Mirador del Rio. Desde aquí se puede contemplar la preciosa isla de la Graciosa, separada de Lanzarote por solo un cortito brazo de mar al que llaman rio. Es espectacular ver la caída de los acantilados y riscos de Famara hacia el mar, con casi un desnivel de 500m sin nada debajo más que un suelo negro y una playa desierta de aguas tranquilas. Totalmente recomendable ir  descubriendo después por la carreterita de la costa, otros miradores hasta llegar a las peñas del Chache, el punto más alto de la isla con una panorámica única de volcanes y paredes verticales que se asoman a las olas y el viento de 500 metros más abajo en la playa de Famara, paraíso surferil por excelencia.

Se me olvidaba! Antes de todo esto habíamos pasado por la mañana por el Jardín de Cactus, que es eso, un jardín (enorme) lleno de cactus de todas las formas y colores imaginables. La verdad es que esta bastante currado, todo muy de diseño, con los grises y negros de la lava haciendo contraste con los verdes y amarillos de los cactus. Toda la obra fue diseñada por (otra vez) Cesar Manrique y merece la pena la visita.

Pero como no solo de atracciones turísticas vive el hombre, tambien hay que mencionar que en toda esta zona hay pueblitos blancos típicos por los que pasear, tomarte una "servesilla" en alguna tasca local o charlar un poco con la gente del lugar, siempre amable y simpática con ese acentillo canario tan típico. Arrieta, Guatiza, Punta Mujeres, Orzola son solo algunos de estos pueblos donde conocer el carácter isleño, lejos del tumulto del turismo y con un aroma típico de costa, acantilados, mar y pescado.

Bueno, ya está bien por hoy. Más en próximas entregas. De momento me voy a tomar mi "Tropi" con unas papas "arrugas" y mojo picón, que bien que "me lo he meresioo"

Jardin de Cactus

Arrieta

Charco del Palo

Para un bañito
Arrieta


Jameos del Agua


Los cangrejos



El super bareto fashion mega guay
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El auditorio



  Dentro del Mirador del Rio

La playa de churfers
Haria, palmeras y el volcan de Corona al fondo

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