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desde Lanzarote, con nubes y viento

Vuelvo a las Islas Canarias, más de 10 años después, ¡como pasa el tiempo! La vida da muchas vueltas y aunque a veces no lo parezca, 10 años son 10 años. ¡Nada menos!

Pero bueno, ahora no me voy a parar en recopilatorios tipo disco remasterizado de grandes éxitos, no. Aquí estamos para generar material nuevo, que para eso "nos pagan" (ya podía ser, ya...). Por suerte no necesito echar mano de glorias pasadas para seguir subsistiendo. De momento sigo generando nuevas creaciones y proyectos.
Y Canarias es uno de ellos surgido así, un poco de la nada, otro poco de la improvisación y otro poquito más de la locura, ya que en nuestra situación, un poco de todo ello hay para habernos lanzado a tumba abierta a esta piscina isleña con la que está cayendo ahora mismo.

Empezamos por el principio de este periplo canario. Primera parada: Lanzarote.

Lanzarote es como ir a la Luna pero cerca de casa. O eso dicen, ya que la Luna nunca fue destino para mi bolsillo. Así que más cerca y baratito tenemos a Lanzarote, supongo que esta isla negra y gris debe ser lo más parecido a alunizar (o alucinar) en la Tierra.

Lo primero que me ha sorprendido nada más llegar han sido sus oscuras siluetas volcánicas en el horizonte. Parecen decirte amenazantes: "Ojito conmigo que sigo siendo volcán y aunque digan que estoy apagado, no te vayas a pensar que porque tu estés aquí no voy a hacer de las mías..." Así que mejor hacer poco ruido y hablar bajito para no despertar a la bestia y salir en los periódicos pasado mañana.

Bien, una vez calmadas las fieras, seguimos. Tambien sorprende el cielo. Un cielo casi permanentemente nublado, por donde a pesar de ello, el Sol hace de las suyas y te puede provocar más de una quemadura si no vas bien protegido.

¿Y la vegetación? Pues más bien escasa, normal en este paraje desolado donde solo sobreviven cactus. Los hay por todas las esquinas, de todas formas y tamaños imaginables. Tambien hay muchas vides, plantadas entre muritos de piedra volcánica para protegerlas de los alisios, ese viento que no deja de soplar ni un minuto en toda la isla y que al cabo de unos días o te acostumbras o te vuelve loco perdido. Quien haya estado en Marruecos, por la zona del Toubkal o de camino al desierto (Ourzazate, Er-Rachidia o Merzouga) le sorprenderá la semejanza de los paisajes. Bueno, nada raro si miramos el mapa y vemos donde esta Lanzarote, a 90 km al frente de la costa africana, justo a la altura del Sahara Occidental...

Si ahora miras al suelo veras uno de los mayores estropicios que puede provocar las fuerzas de la naturaleza en la Tierra. Una alfombra negra, quemada, llena de piedras volcánicas que unas erupciones de hace casi 300 años dejaron la isla sepultada. Parece que todo estuviera así un poco "dejado", tirado por ahí. Pero claro, a ver quién es el guapo que se pone a "barrer" todo este tinglado.
A este paisaje desolado y roto, hay que añadirle el contraste de la luz. Una luz blanca, cegadora, que te hace cerrar los ojos cada vez que olvidas tus gafas de Sol. Un tremendo contraste entre la tierra negra y las casitas blancas, encaladas hasta más no poder para contrarrestar el clima seco, desértico, tropical.

Bueno, como primeras impresiones y para un primer capítulo ya está bien. Seguiremos en próximas entregas con información detallada de los lugares a visitar. Ahora me espera una tropical bajo la sombrilla al lado de la piscina. ¡Que carajo!

Jardín de Cactus
de todos tipos y colores
Pueblos blancos
Cualquier charco es bueno bañarse
Jameos del Agua
Los volcanes amenazantes
Nuestro terruño
Vistas desde la ventana
Blanco, verde, marron, gris, azul
Palmeras que no falten
y nubes tampoco


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