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Estany de Sant Maurici en el mes de Febrero

Hace unos días aproveché el hecho de vivir en las montañas (me encanta esta expresión urbanita) y poder ir, cuando nadie viene, en pleno mes de Febrero y entre semana, a visitar uno de los rincones del Pirineo que en otras épocas se pone, como decían aquellos comiquillos famosos de hace ya un tiempo, “abarrotao”. Lejos del bullicio de los visitantes de fin de semana, me cogí el coche para ir al lago Sant Maurici, en el Parc de Aiguestortes, así, ¡como quien no quiere la cosa!

Llegue a Espot, con bastante nieve, aunque la carretera despejada. Apenas recordaba el lugar, creo que hace como unos 10 años que no venía por aquí. No me sorprendió ver tan poca gente por la calle, aunque si cruzarme con un par de autocares que bajaban de la estación de esquí, cuando yo ya volvía, a eso de las 4 de la tarde. Parece que ahora a Lleida vienen bastantes extranjeros desde Inglaterra, desde que han abierto las conexiones internaciones del aeropuerto con algunas ciudades británicas. Son tiempos de crisis y los ricos optan por esquiar en lugares más baratos que quizá Suiza o Austria.

Bueno, yo a lo mío. Cuando vas solo por este tipo de pueblos, un día cualquiera entre semana, en un mes cualquiera como febrero, sin ser esquiador y sin hacerte el tipo majete con diálogos el estilo Hola señor, ¿cómo le va? Vaya tiempo frio que tenemos para ser invierno ¿eh? ¿Cómo se va al lago ese famoso que hay por aquí? O lúcidas y ocurrentes afirmaciones como ¿Parece que hay nieve no? Y ves como el fulano de turno te mira con cara de decir Pues claro, ¿cómo no va a haber nieve si estamos en invierno y esto son los Pirineos? ¿De donde habrá salido este? El caso es que la gente del lugar te mira con cara un poco extraña, como preguntándose Quien será el notas este que anda por aquí, que va solo, no es esquiador y no hace preguntas chorras…

Pues nada, dejé el coche en el pueblo, ya que la carretera que lleva hasta el parking que tan amablemente ha dispuesto la Generalitat a unos 4 Km estaba impracticable. Nevada totalmente y cerrada a cal y canto. Así que me arme de paciencia y comencé la caminata, solo, sabiendo que a la ruta normal tenía que sumarle los casi 4 kilómetros que van desde Espot hasta el citado aparcamiento. Bueno, tampoco era para tanto, eso me permitiría hacer la ruta completa, sin “trampas”, desde abajo, como siempre se hizo, en plan “autentico”.


Nada más comenzar, coscorrón y a ponerse los crampones. Iba confiado en que quizá hasta más arriba no serían necesarios, pero de eso nada amigo. Un montón de nieve nada más empezar y en la primera bajada, el hielo oculto debajo de la misma me hizo hacer un eslalon tipo Alberto Tomba, cayendo así, a tomba abierta y pegándome un costalazo de campeonato. ¡Zaaaas!, al suelo y primera en la frente, bueno, ¡más bien en el costado!

Fue una caminata durilla, ya que parece que no subes apenas, la pendiente no es muy pronunciada pero vas poco a poco ganando altitud, desde los 1300 de Espot hasta los casi 1900 en los que se encuentra el lago. Así que me costó un poco, ya que yo tampoco es que ahora esté en una forma para tirar cohetes. En unas 3 horas llegué arriba, pelado de frio ya que a medida que fui subiendo, me fueron saliendo unas olas de viento huracanado terribles en algunos tramos. Al llegar arriba, aquello parecía el Polo. Un frio horrible y un viento de no sé cuántos kilómetros por hora, pero seguro que muchos, porque me tiraba, y mira que para tirarme a mi tela marinera, siendo como soy, ¡del mismo centro de Bilbao!

Así que estuve solo un ratillo en el medio refugio-medio resguardo que tienen montado allí arriba, principalmente para verano cuando aquello se pone hasta la bandera. Hoy, la soledad, el Sol, un tiempo excelente sin nubes, y un viento increíble, me hizo sentirme en algún momento un poco angustiado. Porque no lo he dicho aun, pero el lago estaba helado. Si, si, helado completamente, congelado, como una pista de hielo gigante. Ni más ni menos que el lago de Sant Mauricio, ese enorme y famosísimo lago pirenaico como si fuera un mar petrificado en hielo en medio de un viento huracanado patagónico. Una sensación de soledad, de aislamiento y de pensar: Joder, si algo me pasa, no sé, lo que sea, me tuerzo un tobillo, una tontería y aquí me quedo… Me quite un guante un momento para comer un poco de nada, y casi me congelo la mano. Durante un buen rato estuve en plan “Charly no siento la mano, Charlyy…

Así que grabe este video para que quede constancia de que no exagero, aun siendo de Bilbao, que todo esto es cierto. Que por unas horas parecía haberme trasladado a la Antártida, a la Patagonia o a Groenlandia. Pero no, estaba aquí, cerquita, en un día entre semana del mes de Febrero. En el Pirineo, mi particular teatro de los sueños.




2 comentarios:

  1. Vaig quedar-m'hi gairebé aïllada enmig d'una tempesta de neu, quan era petita, amb els meus pares i germans. Com què hi va tanta gent sempre ens pensem que no passarà res. T'envejo, però.

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  2. Bueno, quedarse aislada pero en compañia al menos te da un poco de confianza. La verdad es que es un lugar que con buen tiempo no piensas que se puede convertir en algo bien difetente en invierno, pero así son las cosas...
    Un saludo

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