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Vall Fosca (4): de Sallente a Colomina

Carrilet hacia el Estany de Tort
Hoy por fin nos hemos decidido a hacer lo que llevamos días posponiendo: colgarnos la pesada mochila al hombro y subir al refugio de Colomina a pasar allí la noche. Habíamos pensado inicialmente estar dos noches, pero había que subirse toda la comida y tampoco sabíamos muy bien el estado del refugio, ya que ahora sólo está abierta la parte no guardada. Nos daba un poco de cosa que no estuviera del todo bien (luego veríamos que nuestros temores eran infundados...) ya que hace poco vimos el libre de Ulldeter y la verdad es que era poco más que un pequeño bunker. Pero en fin, así es el mundo de los refugios y de la montaña en general, no vamos a pedir Hiltons a pie de cimas, tampoco los queremos...

Por otro lado, el tema de subirse las cosas para arriba implica un importante proceso logístico: la comida, el hornillo, el lumogas, el saco, crampones, un poco de ropa para cambiarse, en fin, toda la parafernalia... Da bastante pereza madrugar, levantarse pronto, prepararlo todo... Pero siempre ocurre que después, una vez que ya estás en la ruta y puedes comprobar la suerte de haber tenido ese día tan espléndido de Sol radiante, y la belleza de estos paisajes invernales pirenaicos, entonces ya no te arrepientes de haber salido. Y es así como las incomodidades, el peso y el cansancio se vuelven un poco más llevaderos.


Volvimos a dejar el coche en Sallente y subimos por el camino de Pigolo como hace dos días. Esta vez tampoco me coloqué los crampones, así que también hubo algún que otro coscorrón al principio ¡Mira que no aprendo! Al llegar arriba al cruce, esta vez tomamos la dirección contraria del Carrilet, hacia el Estany Gento. Caminando por la antigua vía de tren vas pisando raíles medio enterrados en la nieve, a la vez que tienes una panorámica a vista de pájaro de la presa y del circo glaciar de Sallente. A esto se le une una sensación única de vértigo, producida al ir por un camino tallado en la pared, con el precipicio mirándote amenazante a la izquierda. Son estas sensaciones que sólo puedes experimentar en estos lugares y en estas fechas, donde toda la montaña está aquí, sólo para ti, sin nada ni nadie alrededor.

La llegada al Estany me resultó un poco sombría, decepcionante quizá, porque a pesar de que el entorno es de una increíble belleza,  el lugar en si tiene un montón de edificios de la compañía eléctrica que opera por aquí, algunos de ellos casi en ruinas. Además las frías y gélidas aguas del lago se mueven de una forma que asusta un poco. Piensas que este paisaje es un poco raro, como si hubiera gato encerrado, ya que está completamente desierto. Pero a la vez sabes, notas, intuyes que hay algún tipo de movimiento subterráneo y oculto que hace que todo esto siga en marcha, quizá alguna ciudad oculta donde pequeños seres yendo de aquí para allí transportan agua en carretas en un viaje sin fin cuyo único objetivo pudiera ser la producción de electricidad...

Así que por eso paramos lo justo para descansar un poco y ponernos los crampones, ya habíamos apurado bastante caminando por el hielo y resbalando unas cuantas veces por la pereza de no ponerlos. Después de Gento el camino tenía bastante nieve, por lo que nos costó un poco más de la cuenta llegar. Por lo general los tiempos que suelen poner tanto los carteles como las guías y mapas, son bastante justitos, por no decir desproporcionados la mayoría de veces (aquí no puedo evitar pensar en los mapas de "La Alpina", famosa por sus tiempos de correcaminos en casi todas las rutas...). Así que nosotros nos lo tomamos con cierta filosofía cuando sobrepasamos estos tiempos, y más si vamos cargados y con nieve-hielo en la ruta. Caminar con una mochila de 10 kg, un plumas tipo muñeco Michelín y crampones requieren un entrenamiento cercano al necesario para astronauta de la NASA, por lo que siempre hay que añadir un tiempo prudencial más al marcado, en nuestro caso algo así como un 50%. Menos mal que esto no sólo lo digo yo. Unos muchachotes de Madrid que encontramos de paso por el refugio, que se veían tope montañeros con raquetas, casco, ropa guay y demás, nos dijeron que ellos siempre multiplicaban por dos el tiempo y que a veces aun así, se quedaban cortos. ¡Qué bien!, pensaba yo... Unos tíos normales disfrazados de profesionales y que tardan lo mismo o más que yo... o seria al revés ¿profesionales disfrazados de normales? Nunca lo sabremos…

Al fin llegamos al refugio, toda la última parte del camino habíamos estado abriendo huella con lo cansado que eso resulta, y tuvimos recompensa.  El refugio era chulísimo y muy bien equipado, cómodo y con una luz y vistas impresionantes. Hacía un solecito buenísimo y un calor muy agradable dentro, ¡se estaba fenomenal!
Lo mejor fue descansar y ver atardecer desde esa ventana incomparable. Con un cielo tan despejado, creía intuir el Montseny y hasta Montserrat allá muy muy a lo lejos. Al fin y al cabo pensé que no tendría por qué ser tan difícil. Si es posible ver los Pirineos desde el Pla de la Calma, ¿por qué no iba a ser posible la vista contraria?

Inicio del Carrilet
Con mi traje de astronauta
Un poco de vértigo...
Estany Gento
Un poco destartalado todo...
A ponerse los crampones....
Subiendo a Colomina
Cuesta...
Más raíles
Estany de Tort, ¡totalmente congelado!
El refugio estaba muy bien (mirar que rubia me encontré...!)
¡De verdad!
¡del 73!
A por agua. ¡El hombre siempre haciendo el trabajo duro!
¡Impresionante el Estany de Colomina!
¡Qué fotos!

Siestecita con Sol pegando en la cara...
Atardecer en Colomina
¡Qué refugio tan cuco!
¡Y unas vistas de lujo!

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Texto: ©Iñaki Barettini
Fotos: ©Iñaki Barettini (inakibarettini@hotmail.com) y ©Elena Castillo (elenafcp@hotmail.com)

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