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¡11.000 Visitas!

¡SI, SI! ¡He llegado a las 11.000 visitas, ni más ni menos! Y la mayor parte de ellas han sido en estos 11 meses del año que se nos va, el para mi, ¡gran y fantástico 2011!. Este es el número del año, sin duda alguna. Y eso que a mi no me gustaba mucho al principio, pero mira ahora, parece que todo gire en torno al once en los últimos tiempos...

Momentos del 2011

Ahora que el año acaba y todo el mundo habla de los propósitos para el que está por venir, me quiero enfocar un poquito en este año que termina.

En un resumen rápido, para mí 2011 ha sido un año fantástico. Por eso quiero estar bastante alejado de esas opiniones catastrofistas de corren por ahí. Ya, ya sabemos que todo está muy mal y de que vamos a ir a peor, pero joder, ¡que dejen de recordarlo de una vez!

Retorno al Pirineo

16 meses, 480 días, miles de horas, cientos de miles de minutos, millones de segundos. Es el tiempo transcurrido desde la última vez que fui a Pirineos. Agosto de 2010, concretamente el día 25, un histórico día para mí. Si si, histórico, aunque parezca muy novelesco, ya que ese día subimos el Vignemale, un monte que llevaba persiguiendo en mi ansiedad montañera desde hacía muchos años. Vignemale, mítica montaña de los primeros exploradores, donde es inevitable no acordarse de nombres como el conde Henry Russell. Vignemale, con  el imponente Ossoue, el glaciar más grande de toda la cordillera. Vignemale, con sus 3298 metros de altura, el pico más alto del Pirineo francés. Y tantas cosas más…

de Arakaldo a Bilbao: La ruta de los tres (no) miles

Los Barettini en la cima del Ganeko, ya quisieran los Iñurrategui ya...
De nuestra ultima escapada al Norte, aprovechamos el fin de semana de todos los santos para repetir una excursión que hacía años había hecho ya con mi hermano. Desde Arakaldo a Bilbao, haciendo la ruta de los "tresmiles". Es broma claro, porque del Goikogane, Kamaraka y Ganekogorta, sólo este último casi llega (999m) a los 1000m de altitud. Pero bueno, como los de Bilbao no sólo nacemos donde nos da la gana, sino que tambien podemos ponerles la altura a las montañas que nos apetezca, pues mira, como que me ha apetecido bautizar a esta ruta como la de los tres no miles, ya que son 3 los montes mas tipicos de la zona que pasamos y ninguno de ellos es siquiera un "unmil".

Inle Lake, la joya de Birmania


Tres meses, ese es el tiempo que ha pasado desde que estuvimos en Inle Lake, nuestra última parada en Birmania. Aún no he olvidado muchas de las cosas que allí vimos y vivimos, una maravilla de la Naturaleza que aún no ha sido del todo explotada por el tusrismo de masas.

Días Previos: Om Mani Padme Hum por las calles de Katmandú (Octubre 2010)

Stupa de Swayambhunath (©Iñaki Barettini)
Katmandú, capital del Nepal. Oído así a lo lejos, suena muy exótico. La primera vez en mi vida que oí hablar de Katmandú de forma consciente seria hace unos 15 años, cuando un compañero de Universidad, Javi Ferrero, utilizaba este nombre tan sugerente y lejano como nick o alias en los primeros chats a los que teníamos acceso desde unas vetustas consolas en la sala de ordenadores del laboratorio. Por aquel entonces Katmandú me sonaba a nombre de ciudad antigua, a civilizaciones perdidas, a lejanos reinos de samuráis y guerreros, a criaturas extrañas como las que salían en la Guerra de las Galaxias. Imaginaba que algún Yoda, o algún Skywalker caminarían a sus anchas con sus espadas láser en mano por aquellas calles medio derruidas, decadentes y polvorientas, producto todo ello quizá de alguna guerra interplanetaria cientos o miles de años atrás…

Día 0: de Katmandú a Besisahar. “¿Cabe alguien más?” (15.10.2010)

"EL"bus (©Elena Castillo)
Siempre amanece pronto en Katmandú. No quiere esto decir que en ese momento ya haya salido el Sol, no, eso ya vendrá más tarde. La oscuridad no es impedimento para que las calles de la ciudad se pueblen de gente por todas partes, yendo de acá para allá, corriendo apresuradamente, gritándose unos a otros, moviendo mercancías, cajas, bultos o sacos. Los nepalíes, al igual que sus vecinos indios, hablan a grito pelado. En una palabra, antes de las 6 de la mañana, la ciudad ya está enloquecida por completo y una maraña de coches, camiones, motos, bicicletas, rickshaws, autobuses y gente recorre las calles entre tinieblas y a golpe de claxon, con la escasa luz que a esas horas proporcionan velas, candiles y fogatas que se comienzan a hacer para calentarse, en plena calle. También para reunirse, saludarse (Namasteee), preparar un té (un chai) y comenzar un nuevo día.

Un día en la ciudad


Vivo en un pueblito a 50 Km de la ciudad. Casi nunca voy porque ya bastante me costó salir de ella, así que ahora rara vez suelo pisar la City. Pero hoy ha sido uno de esos pocos días en que he tenido que desplazarme allí. ¿El motivo? Soy lo que llaman los expertos un “parado de larga duración”, algo así como una improductiva lacra social. Me han denegado una subvención (parece que así le llaman ahora a los subsidios, esto es, el puto paro de toda la vida) y he tenido que ir a llevar un papeleo para reclamar contra la injusticia de tamaña decisión.