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Día 1: de Besisahar a Bhulbhule "Empezamos con una Fanta del año 97!" (16.10.2010)

¡Comienzo! (©Elena Castillo)
Aquí estamos. Después de tanto tiempo, tantas ilusiones y esperanzas, por fin comenzamos este sueño. ¡Dar la vuelta a los Annapurnas! Ni más ni menos. Dicho así de golpe, parece fácil, pero ya sabemos que nos enfrentamos a uno de los mayores retos de nuestras vidas.

Hoy es el primer día, el inicio de esta aventura que no sabemos que nos traerá, el principio de un viaje incierto, que nos llevará por las montañas más altas del mundo pero también creemos, queremos, esperamos, anhelamos, deseamos que sea un viaje interior, un conocernos mejor, un poner a prueba nuestras capacidades, enfrentarnos a nuestros miedos, a nuestros límites, físicos y mentales.



Aunque lo que suele pasar en estas situaciones, cuando por fin comienzas algo que has querido hacer durante tanto tiempo, en ese preciso instante, justo en el mismo momento en que estás viviendo ese sueño que has conseguido hacer realidad, parece que debieras sentir algo especial, una sensación inspiradora, llena de energía positiva, algo así como si levitaras en una nube, viviendo ese momento mágico tan largamente esperado. Pero cuando resulta que ninguno de esos sentimientos se presenta, cuando las cosas parecen seguir ahí normalmente, sin hacer caso alguno de lo que corre en tu interior, como si nada hubiera pasado, no queriendo darse cuenta de que para tí, hoy es un día especial, único e irrepetible, envidiosas de tu supuesta euforia y felicidad, resulta que todo se derrumba un poco y te preguntas:¿o sea que era esto? ¿toda la vida esperando y ahora resulta que estoy en medio de un poblacho perdido comprando una barra de pan y una botella de agua con una vieja mochila a mi espalda que pesa 15 kg? Pues vaya con los sueños, te respondes a ti mismo un poco decepcionado.

La realidad es tozuda una vez más y siempre viene a ponernos en nuestro sitio. Ahora ya está, al convertirse en realidad, el sueño ya no existe más. Al ya ser real, no estamos preparados para lo que nos queda. Sólo es el comienzo. Nada está hecho, ¿o qué te esperabas? Todos los astros se pusieron de nuestra parte y nos dieron esta oportunidad, quizá única en nuestra vida. Pero no hay éxito sin trabajo, así que ahora nos toca a nosotros poner de nuestra parte. Y eso, a veces, ya no es tan idílico. Los sueños siempre llevan impresa una letra pequeña que apenas nos molestamos en leer. En nuestro caso ésta tiene varios nombres: pereza, pesada carga a la espalda, cuerpo entumecido, incomodidades varias, lugares y gentes extrañas, sentimientos encontrados de por qué y para qué, dudas, dudas, dudas... Todos juntos entierran un poco nuestro sueño-ya realidad bajo un espeso manto de cotidianeidad.

Salimos de Besisahar, punto inicial del circuito, pueblo austero y soso al que llegamos ayer después de un viaje indescriptible. Aquí es donde comienza la  proyección en el mundo real de nuestro sueño y también, de una forma menos poética, la jornada del día, de lo que va a ser a partir de ahora, nuestro trabajo, nuestro día a día.

No se ve a mucha gente, raro la verdad, quizá es que hemos comenzado un poco tarde. El día es bonito, luce el Sol, al menos de momento, ya que hay unos nubarrones a lo lejos que amenazan lluvia. Nada más empezar, agua!, pero no es de lluvia. La primera en la frente como suele decirse. Vamos tan confiados de que estos primeros días, hasta que lleguemos a cierta altitud, estará todo "chupao", que todo será un coser y cantar, que al primer cruce nos equivocamos y nos vamos para donde no es, lo cual nos frustra un poco. Uy!, pronto empezamos... Shanti shanti, paz amigos, relajación y nada de prisas. Aún no hemos cambiado este chip occidental de querer hacerlo todo bien, rápido y que encima nos salga a la primera y si ya de por si solemos ir a todo gas, aquí esto aún se nota más. Hay que bajar la velocidad, fijarse más, relajarse y disfrutar de que tenemos todo el tiempo del mundo en nuestras manos. Si hay que correr, que lo hagan otros. Nosotros ya lo hemos hecho muchas veces y ahora esto ya no nos va, ya no tiene que ir con nosotros.

Río Marshyangdi, nos acompañará unos cuantos días (©Iñaki Barettini)
Así que preguntamos a alguien que nos indica la ruta correcta, enderezamos el rumbo y continuamos. ¡Bien! Por el camino vamos tranquilamente, dándonos tiempo. Fotografiamos un cangrejo rojo enorme que nos sale al paso y nos mira con cara de asustado el pobre, mientras una pareja de dos hippiosos nos pasa como una exhalación. Es lo que tienen estos hippies modernos, que van como un petardo y locos por llegar al primer lodge donde poder contar a sus amigos por Facebook donde están ese día. Definitivamente, son otros tiempos...

Aquí está: ¡El Sr. Cangrejo! (©Elena Castillo)
Ehhh, que te pego lechee! (©Elena Castillo)
Así llegamos a Khudi, un pequeño asentamiento donde no se ve mucha gente y nos decidimos a parar en un sencillo restaurante. Pedimos la comida y paf! Otro choque: Una hora y media esperando a que nos la hagan! Y eso que éramos los únicos en el restaurante, no me quiero imaginar que hubiera sido de nosotros de haber más gente por allí. Ya no recordaba lo lentos que son los nepalíes preparando la comida. O quizá lo rápido que vamos nosotros que nos hemos acostumbrado a engullir más que otra cosa, un menú del día en un restaurante a toda pastilla en apenas 20 minutos…

El caso es que la comida acaba llegando y bueno, la espera ha merecido la pena, ya que esta deliciosa y muy sabrosa. Sencilla, quizá no sea más que un arroz frito o unos fideos (chowmein), típicas comidas chinas que hay por estas tierras y que los locales preparan principalmente a los extranjeros, ya que ellos con su dal bhat de arroz tiran mañana, tarde y noche. Comemos y también bebemos. Yo sin darme cuenta, me he pimplado entre las esperas dos fantas de naranja, de aquellas botellas de cristal grandes de 33ml, que ya no se hacen, al menos yo hace años que no las veo. Después pienso que quizá aquí tampoco se sigan haciendo. Efectivamente eso es lo que compruebo cuando, al leer por enésima vez la etiqueta mientras espero, me doy cuenta de que la fecha de caducidad es del año... ¡¡1997!!  ¡Ni más ni menos! O sea, casi de cuando todavía estaba en la Universidad estudiando Física que la Fantita estaba esperándome aquí. Quizá ya hasta le hubiera dado tiempo a desintegrase en todos estos años, pero no, eso no podía ser ya que en su cometido estaba designado por el gran hacedor que se encontraría conmigo unos 15 años después de su fabricación.... Espero que los efectos que cause sobre mis estructuras moleculares no sean desintegradoras en absoluto. En fin, ¿qué mas puedo hacer? Quizá sólo relajarme un poco y pensar en lo que me reiré cuando pueda contarlo o, mejor aún, escribirlo!

¡La Fanta del 97! Aún no me ha pasado nada... (©Elena Castillo)
Antes de llegar a Bhulbhule, pasamos por el checkpost donde la policía nos mira los permisos. Todo OK. Me paro a comprobar las estadísticas de visitantes a esta región de Nepal en los últimos años y veo como en los dos últimos, las visitas han subido una barbaridad. El hecho de haberse arreglado el conflicto con la guerrilla de maoístas tiene mucho que ver en ello, ya que era típico que los montañeros en esos años fueran asaltados por grupos de educados guerrilleros pidiendo una contribución para la causa. Todo muy formal, eso sí, hasta el punto de que te extendían un recibo y todo como comprobante del pago en caso de que nuevos guerrilleros te volvieran a parar por el camino. Ahora ya se han dado cuenta de que queda más elegante sacarte el dinero en forma de permisos y otras parafernalias, los cuales se comprueban en casetillas llevadas en este caso, por amables señoritas con apenas algunas nociones de ingles básico.

Puente que llega a Bhulbhule. Dura carga la de los porters (©Iñaki Barettini)
Cruzamos el puente y llegamos a Bhulbhule. Desde hace un rato las nubes amenazantes ya son una realidad de lluvia torrencial, así que paramos en el primer lodge que nos encontramos, el “Heaven Guest House and Restaurant”, rimbombante nombre para el hotelucho de madera que realmente es. Volvemos a comer y esperaramos a que pare de llover. La espera no termina y ya vemos que vamos a tener que pasar la noche aquí. Parece que el monzón aún no se ha retirado del todo y nos ha pillado dando sus últimos coletazos, aunque ya va tarde… Así que pasamos la noche en Bhulbhule, este pueblo en el que pensábamos sólo parar a descansar un ratito de nada. Tampoco es que nos vaya mal, ya que para ser el primer día, la pereza y el acostumbrarse a la mochila, unas 3h y media ya han sido suficientes. Ya habrá días en los que sacar más partido a la etapa y donde avanzaremos más. O no. Quién lo sabe.

Total, ¿qué prisa tenemos? Igual no todo el tiempo del mundo, pero sí una buena parte del mismo. Durante todo este tiempo vamos a transformar por fin este sueño en realidad y no encuentro una mejor forma de hacerlo que escribirlo para contarlo y recordarlo...!

¿Dejará de llover? (©Elena Castillo)
Bhulbhule y las callecitas empedradas mojadas (©Iñaki Barettini)
Va a ser que no para... (©Elena Castillo)
Pues nada, me pongo a escribir (©Elena Castillo)
Texto: ©Iñaki Barettini
Fotos: ©Iñaki Barettini (inakibarettini@hotmail.com) y ©Elena Castillo (elenafcp@hotmail.com)

2 comentarios:

  1. Uyyyy...qué recuerdos me trae esto...
    Un saludo, y enhorabuena por el blog!

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  2. Gracias!, si, a mi tb me trae recuerdos, y siempre de los buenos!

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