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Mandalay y las ciudades antiguas de Amarapura, Inwa y Sagaing

Foso que bordea todo el palacio
Mandalay fue nuestra segunda parada en Myanmar. Desde Yangon son 11 horas en un cómodo trayecto que nos dejo, por una vez, gratamente sorprendidos ya que nos esperábamos todo lo contrario. El bus era bastante moderno para ser Birmania y pudimos dormir (bueno dormitar) unas cuantas horas. El viaje se hace por una autopista nuevecita con áreas de servicio y todo. Por momentos mas parecía la AP-7 que otra cosa, pero bueno, solo por momentos... Lo incomodo fue llegar hasta la estación de bus de Yangon. Esta lejísimos del centro, una hora de taxi por carreteras llenas de baches y polvo y que te cuesta más de la mitad (6.000 Kyats, unos 9 US$) de lo que el bus (11.000, 15 US$). Y los taxis de Yangon no son precisamente el último grito; destartalados y viejísimos cacharros, algunos de ellos con un diseño estilo "Robocop", con puertas de hojalata y asientos más duros que un banco de cemento...

Mandalay no es un lugar muy agradable a primera vista, al menos el downtown y alrededores. Si alguien tenía la idea de una ciudad exótica de cuento medieval (como era más o menos mi caso, no sé cómo diablos se me debió meter esa idea en la cabezota!) con templos y palacios, con reyes, cortesanos, bufones, y alfombras rojas, una especie de mil y una noches en el lejano oriente, que se vaya olvidando... La realidad es otra bien distinta. Una maraña de calles en cuadricula, un trafico caótico, polvo que se te engancha al cuerpo como una pegatina, baches, agujeros, aceras inexistentes. Vamos, lo que se dice un suplicio para el caminante. Pero como es aquí donde se encuentra la mayor parte del alojamiento, transporte y restaurantes (al menos los accesibles económicamente para mochileros) pues casi que resulta la mejor zona para quedarse.

La parte de los palacios reales y la colina sí que tiene otro aire, más relajado y bucólico, aunque bueno, lejos aún del cuento soñado... Alrededor, un foso bordea el enorme cuadrado que forma el palacio, de unos 3 km de lado. Se trata de un larguísimo paseo con muchos árboles y la vista en la lejanía de los picos color oro de las pagodas, sobresaliendo estas entre el verde de los arboles, le da un toque un tanto novelesco, aunque bueno tampoco hay que pasarse...

El palacio real no me resulto muy interesante. Esta reformado por completo ya que fue destrozado por los bombardeos de la WW II y aun así, tiene un aire a viejo y decrepito, todo de madera, muy herrumbroso y con un olorcillo a armario cerrado que te envuelve durante todo el paseo. Así que resulta un poco artificial. Lo mejor de la visita fueron los contrastes del rojo de los tejados con el cielo azul y el blanco de las nubes y, muy importante, que apenas había turistas por allí.
Palacio real

Por la tarde, la subida a la colina, vista desde abajo, prometía. Después, la realidad fue otra bien distinta, ya que las escaleras no parecían tener fin y mientras tanto, ibas pasando cientos de insulsas tiendas de venta de todo tipo de baratijas y parafernalia para ofrendas (cirios, incienso, comida, estatuillas de Buda y miles de cosas más). Es como si de repente te encontraras en tu ciudad con una calle toda llena de bazares chinos. Lo más normal es que salieras corriendo despavorido. Y peor aún, como has de ir descalzo, vas sintiendo como el agua y el barrillo se te cuela por entre los dedos de los pies haciendo "cras cras". En un día de lluvia, el suelo esta resbaladizo y es bastante peligroso. Puedo certificarlo ya que di con mis huesos en el suelo en una maldita escalera justo como 10 escalones antes de llegar al final (vaya racha, primero el bache en el que me caí en Yangon, luego el cemento fresco por el que metí las pezuñas y ahora esto; 3 de 3, un cien por cien de aciertos que llevo en Myanmar!). Y los locales ni se inmutan, ya que parece que en lugar de plantas y dedos en los pies, tengan botas de piel de oso y garfios con los que agarrarse al suelo con esos cacho pinreles...!
Singing in the Rain...

Entonces qué? Merece la pena venir aquí? Pues sí, porque lo realmente bonito de Mandalay está en las afueras, accesible en viajes de un día desde la ciudad. Las antiguas ciudades históricas de Amarapura, Inwa (Ava) y Sagaing son casi una visita obligada. Hay varias formas de ir, pero ciertamente la que nos pareció la mejor fue alquilar un "blue taxi" para el día completo, quedar con el taxista los lugares a los que queríamos ir y el ritmo al cual moverte, a nosotros nada de prisas ni de ir a golpe de silbato... Un día completo de taxi incluyendo paradas a comer, esperas y demás te sale por unos 15.000 Kyats (unos 20US$, ciertamente asequible).

Un gong para que se cumplan nuestros deseos
En Amarapura lo más interesante es visitar el monasterio Maha Ganayon Kyaung. Kyaung significa monasterio en idioma birmano. Otra más de las diferentes palabras que hemos ido aprendiendo para llamar a cosas parecidas, pero todas relacionadas con temas religiosos (templos, monasterios, pagodas): stupa, chedi o zedi, shrine, kyaung, gompa, pagoda, wat...
La razón de la visita a este monasterio es ver comer a los monjes a las 10 de la mañana, todo un ritual y un espectáculo en el que, aunque un poquito turistizado, se respira un ambiente que aun sigue siendo muy autentico. Van llegando cientos de monjes, la mayoría niños, se ponen a la cola y van recibiendo en silencio un plato entero de arroz que meten en su enorme bol negro. Entonces entran en el comedor y se ponen a comer. Una comida buenísima y abundante por cierto, con un montón de platos para acompañar. Que olorcillo mas bueno y que hambre que te entraba ya a esas horas de la mañana... Quien se pensaba que los monjes solo comían arroz? Pues de eso nada!

A ver que hay hoy pa comer...
Aqui mi cuenco bien agarradito...
Ay que llegamos tarde y ya no hay na...!
Vaya festin!
Como idea no esta mal no...!
Otra de las actividades obligadas es cruzar el famoso puente U Bein's sobre el lago Taungthaman. Tiene más de 1 km de largo y la fama le viene tanto por estar sostenido por más de 1.000 pilares de madera de teca, como por las magnificas vistas sobre el lago.
Lo mejor es tomárselo con calma, parándote en cada rincón a echar una foto, o a que se la echen contigo. No es raro que turistas locales te pidan que te hagas una (o varias) fotos con ellos. Parece que les resultamos igual de exóticos que ellos a nosotros... La vida transcurre muy relajada. La gente va yendo de un lado para otro saludándote cada dos por tres "Min ga la baaa" y así te vas cruzando con monjes que te sonríen con mirada curiosa o mujeres haciendo equilibrios transportando enormes bolsas aplastadas contra la cabeza sin apenas inmutarse, llevando quien sabe cuántas cosas ahí apelotonadas como quien llevara un sombrerito de paja de nada...

Imagen del puente
Tranquilamente, sin prisa...
Y otra de las imágenes típicas consiste en contemplar a los pescadores haciendo su faena con medio cuerpo metido en el agua o a los boteros remando lentamente, sin prisa, como si tuvieran todo el tiempo del mundo por delante.

A ver que pesco hoy...
Por la tarde fuimos a Inwa, una isla en medio del rio Ayeyarwady a la que se cruza en un pequeño bote. Una vez allí para visitar los lugares interesantes lo mejor es alquilar un carro de caballos, bueno, de caballo porque es solo uno (5000 kyats un par de horas, esto sí que no es muy barato). El viaje en el carro es un poco incomodo ya que vas por caminos de tierra, botando como una pelota pero es divertido; vas parando, visitando templos, pagodas, haciendo fotos, y contemplando como poco a poco va cayendo la tarde, con una luz preciosa para hacer las mejores fotos del día, con miles de pagodas en el horizonte, montañas, colinas y el enorme puente de Sagaing en la distancia cruzando un rio que nunca parece terminar.

Horse cart para llevarnos
El unicornio. Bueno, los unicornios...
Colina y puente de Sagaing al fondo
Precioso templo
Vamonos de vuelta
El mundo es miiiioooo!
Monk chat a media tarde
Sagaing lo dejamos para el día siguiente. Habitualmente la gente lo hace todo en un día pero supone ir corriendo de acá para allá y no poder disfrutar de cada lugar relajadamente. Así que aunque tuviéramos que pagar otro taxi al día siguiente, pudimos aprovechar mejor nuestro tiempo yendo más despacio. Primero visitamos un par de bonitos templos en las faldas de la colina de la ciudad (Mandalay Hill) y antes de partir a Sagaing nuestro hombre nos llevo a un sitio para cambiar dinero. Es lo bueno que tiene esto de contratar un taxi para todo el día; lo mismo te lleva de excursión, que a cambiar dinero, o que te espera en la puerta del súper mientras haces la compra!

Terracita de Sagaing
Bonitas vistas del rio Ayeyarwady
Cientos de estupas y pagodas alla donde mires
Pagodita de oro
Sagaing es una colina a unos 20 Km al Sur de Mandalay, envuelta entre cientos de pagodas que sobresalen de entre tupidos bosques verdes. Las mejores vistas se obtienen subiendo por su principal colina, que termina en (como no?) esta vez en una bonita pagoda de colores verde y oro. Desde arriba las vistas del rio, del puente y Mandalay en la distancia, son la mejor recompensa a la subida, esta vez más cómoda y corta que la de Mandalay. Tambien puedes perderte por los caminos que bajan hasta el rio o simplemente quedarte atontado contemplando las miles de stupas diseminadas aquí y allá.

Nuestro blue taxi y los inevitables pinchazos!
Así que tras unos inicios un poco titubeantes entre Yangon y los primeros días de Mandalay, comenzamos aquí a disfrutar poco a poco de este país, de su naturaleza, sus monumentos, la vida tranquila y sobre todo de su gente. Gente que te saluda, te sonríe y habla en cualquier momento y desde cualquier lugar. 

Y todavía quedaba lo mejor por llegar; las dos joyas de Myanmar: Bagan e Inle Lake, pero eso para la próxima!

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