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Día 5: de Timang a Bhratang: "Noche surrealista" (20.10.2010)

Amanece en el Manaslu (©Iñaki Barettini)
Pasamos la noche en Timang, raro nombre el de este pueblo, suena un poco como a engaño. El caso es que para nada me siento engañado cuando en una de las incursiones nocturnas al lavabo, puedo contemplar un horizonte completamente blanco debajo del cielo estrellado. Timang es una colinita elevada al final de una dura subida (la de ayer por la tarde que termino por dejarnos baldados por completo) y desde allí, cuando está despejado, la vista del Manaslu es excepcional. Por primera vez en este viaje contemplo un ochomil, y un cosquilleo me sube por la espina dorsal, pensando, divagando, soñando que quizá algún día no muy lejano, mis piernas y mi mente puedan llevarme hasta uno de ellos...
Comenzamos muy prontito, como de costumbre. Vamos ganando en altura y a pesar de aun no haber llegado a los 3000m, las noches son frías y también largas, ya que aquí la costumbre es irse a la cama muy pronto. A eso de las 9 de la noche, sin luz y con un frio de mil demonios, ¿que mas alternativa puede haber que la de meterse en el sobre?, para por la mañana, levantarse muy pronto también. Desayunamos rápido y nos ponemos en marcha. El día transcurre sin muchos sobresaltos, ya que la etapa es bastante llana, a excepción de una subidita nada más comenzar, para llegar al pueblo de Thanchok. El resto, es una subida progresiva, sin mucha dificultad, cosa que agradecemos después de los últimos días donde los sube y baja han sido la norma. Me pregunto si a estos nepalís nadie les ha explicado que a veces, el camino más corto entre dos puntos de montaña, no tiene porque ser necesariamente una línea recta, sobre todo cuando hay valles por el medio...
Llegando a Chame (©Iñaki Barettini)
Ojos de Buda con txapela (©Iñaki Barettini)
Manifiesto por la independencia (©Iñaki Barettini)
Muy cuca la rueda de oracion(©Elena Castillo)
Un tecito a media mañana (©Elena Castillo)
Para que quede clarito! (©Elena Castillo)
Llegamos a Chame, después de pasar por el pueblo de Koto. En total han sido unas 3h, por lo que dudamos que hacer. No vamos a pararnos ahora, ya que apenas son las 10 de la mañana, pero por otro lado Chame es uno de los pueblos referentes de la zona, donde comenzamos a ver bastantes restaurantes occidentalizados, tienditas donde venden ropa de trekking a precio de oro y donde es típico hacer una parada para comer, o simplemente tomar un té. Aprovechamos para comer y dar una vuelta. Como ocurre estos primeros días, aun tenemos que habituarnos a los horarios locales. Aquí entre que pides la comida y te la sirven, aunque estés solo en el restaurante, puede pasar mínimo una hora, o una hora y media. A veces dos! Bueno, así son las cosas por estas tierras. Al menos, la comida, aunque sencilla, esta recién hecha y es sabrosísima. Cosas de vivir de otra forma, sin prisas. ¿Reloj? ¿Y eso que e lo que e? deben pensar muchos cuando nos ponemos nerviosos porque no salen los platos. "It's coming", te dicen medio en serio medio en broma, con una sonrisilla, cuando les preguntas por la comida, ya medio enfadado y con cara de pocos amigos, después de una hora esperando en la mesa sin saber ya a qué cuadro de qué pared mirar o que servilleta de la mesa doblar...

Pasamos Chame y nos dirigimos un poco no se sabe dónde. Porque Pisang queda demasiado lejos, a unas 4 horas y no tenemos muchas ganas de forzar hoy. Pero por otro lado nos han dicho que después de Chame hay poca cosa, y que los pueblos y alojamientos son muy básicos. Así que vamos tirando y cuando veamos algo que nos guste, allí nos quedaremos. En media hora pasamos Thaleku, un pueblo de mala muerte en el que las casas están que se caen a cachos, así que seguimos para adelante. En 45 minutos más llegamos a Bhratang, casi peor que lo que hemos visto antes. Aquí hay dos casas con una pinta terrible. Vemos algunos guiris que llegan y otros que ya habían llegado antes que nosotros y se han quedado. Examinamos los dos lodges y no somos capaces de decidirnos. Difícil elección ¿Hilton o Sheraton? Pues no, va a ser el “Maya Hotel & Restaurant”...

Nuestro five stars (©Iñaki Barettini)
Lectura en la oscuridad (©Elena Castillo)
Como nos decidimos por uno como pudo haber sido por el otro, no nos arrepentimos de nuestra sabia decisión. A pesar de no tener luz, ni lavabo, y tan solo un grifo donde el agua sale congelada, con unos baños de lo peor que he visto en mucho tiempo (y mira que me he chupado váteres chungos en la India…), lo mejor de todo fue la compañía de la que disfrutamos por la noche. Estábamos solos en el comedor, un poco leyendo, otro poco haciendo tiempo, y para la hora de la cena aparecieron los personajes de la velada. Para el pase de las nueve teníamos en el reparto a, cha channnn…:

Personaje primero: dícese de un francés con cara de loco que iba solo (especifiquemos, no es que tuviera cara de loco por ir solo, tampoco por ser francés), bueno, solo no, con un guía. Este personaje se caracterizaba por hacer extrañas preguntas dado el lugar y las circunstancias: “¿Hay vino?” le preguntaba a su guía, extraña cuestión esta después de 5 días en la montaña, donde a medida que nos adentramos los lujos escasean aun mas y mas. “¿Puedo comprar ese libro?” le inquiere a su sorprendido guía, con cara de incrédulo de que alguien se interese en comprar un libro de 8ª mano que debe llevar allí más o menos desde la última glaciación…. “¿No sabéis francés? Esa pregunta nos toca a nosotros, mirándonos con cara de ido, entre sorprendido e indignado, seguro que pensando “Como es posible que exista gente en el mundo que no hable francés?” Pasamos al personaje segundo: El guía del francés, un pillo que aprovecha el chollo que le ha caído encima y le estafa a nuestro personaje numero uno cada vez que tiene ocasión. ¿Qué el “mesie” desea un libro? No te preocupes hombre, tú dame el dinero y yo te lo compro. ¿Qué ahora quieres pagar la cena? Hombre, no te molestes, ya lo hago yo por tiii, que no quiero que te estreses… ¿Vino?¿Para qué? Ya te saco yo esta cervecita de la tierra que es lo mas, dame, dame el dinero que yo me encargo… Y así todas…!

Y llegamos al personaje tercero: un nepalí de unos cincuenta y tantos años que resulta que estaba por allí pernoctando, pero no hacia el trekking del Annapurna, sino que el venia de Manang, es decir, del otro sentido, hacia donde nosotros vamos. Se dirigía a Katmandú, primero andando hasta Pokhara y después en bus (supongo), porque tenía que ir al oculista e iba a tardar lo menos un mes en llegar desde que había salido de su pueblo (¡). Si ya con esto sería suficiente para incluirle en el set de frikies de la noche, además el hombre no tenía lengua y claro, hacerse entender con él era todo un suplicio, porque digamos que si a los mudos no les pillo mucho el tranquillo, a los mudos nepalíes me cuesta todavía un poco más. Así que terminamos el día escribiendo cosas en un papel, pero nada de palabras, más bien conceptos, ya que además, no tenemos en común el mismo alfabeto, y a mí las letras estas con pinta de puñales y lanzas se me atragantan un poco… 

Lanzas y puñales... (©Iñaki Barettini)
Y claro, entre las señas, la falta de luz, el francés loco, las voces del mudo, el guía caradura y nosotros, formábamos un elenco de personajes que ya hubiera querido para sí Berlanga en una de sus películas de los años 40. Al final, resulto, que a pesar de las incomodidades del lugar, vivimos una noche surrealista que se nos quedo grabada a fuego en la memoria y que ahora, justo un año después, recordamos sonriendo y con un poco de añoranza….

¡Es lo que tiene ser el escritor de las historias del abuelo cebolleta…!

Texto: ©Iñaki Barettini
Fotos: ©Iñaki Barettini (inakibarettini@hotmail.com) y ©Elena Castillo (elenafcp@hotmail.com)

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