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Día 4: de Tal a Timang: "La loca que apedreaba a las gallinas" (19.10.2010)

Amanece en Tal  (©Iñaki Barettini)
Hoy es el primer día en el que empezamos a sufrir de verdad. A pesar de que aun no estamos a mucha altura y las etapas han sido relativamente cortas y no muy difíciles, cuesta aclimatarse a cosas como cargar una mochila a la espalda de unos 13Kg durante todo el día. Un kilo más por la mañana, cuando salimos con el depósito (cantimplora) de agua lleno, y en mi caso 1,5 Kg, ya que se me ha ocurrido la feliz idea de traerme la botella de litro y medio. Hubiera sido más práctico la de litro, ya que aquí hay agua por todas partes, al menos de momento, pero ahora, ya es tarde para lamentarse. 


Tampoco ayuda mucho el hecho de que llevamos unas mochilas bastante viejas. No hemos hecho los deberes y volvemos a las andadas al tratar de aprovechar, una vez más y esta será la última (eso es lo que siempre decimos), nuestras vetustas mochilas del año de la guerra. La mía tiene unos 7 u 8 años calculo, un modelo bastante "old fashioned" del Decatlón y que además creo que es de mujer, así que no me encaja mucho y la llevo al estilo “Chiquito de la Calzada”. La de Elena, aun es peor, ya que la suya tiene unos 12 años y vaya, por mucho marca Millet que sea, diríamos que, poniendo un símil internetesco, si hoy ya estamos en la era 2.0 y demás, trasladándolo al mundo mocheril, la suya todavía andaría por el Windows 3.11...

En fin paciencia…

Las mochilas (©Elena Castillo)
El día es duro y largo. Sobrepasamos por primera vez las 6h de marcha efectiva, más de 6 y media en concreto. Pasamos por diferentes pueblitos donde la dinámica es prácticamente la misma: los nepalíes esperaran a que vayamos llegando los sufridos montañeros para ver de qué manera pueden convencernos de pararnos en su bar, restaurante, tienda, hotel, lavabo o lo que sea con tal de que algún extranjero se siente en su casa y consuma algo. Así vamos pasando por pueblos como Karte, al que se llega tras cruzar un bonito puente, o Dharapani, donde aqui si que caemos y nos sentamos a tomar un té en una terracita dentro de una especie de patio. Durante el descanso, nos encontramos con un extraño grupito. Son dos jóvenes, uno americano y otro alemán, que van acompañados de un indio un poco mayor que ellos. Van haciendo el circuito juntos. Meto un poco la pata y confundo al indio, que tiene pinta de guía, con el camarero del bar, y le pido algo que tiene que ver con que el té que me han servido esta frio, o no me gusta, o no era lo que había pedido. Y claro, el hombre me dice que no, que él no es el camarero, que va haciendo el camino también, pero que no me preocupe, que está acostumbrado, ya que al ser indio, muchas veces le confunden con nepalí, bien como guía, o porteador, o lo que sea… Dharapani me decepciona un poco, ya que esperaba algo más de un lugar que se supone importante, al ser cruce de caminos de los circuitos del Annapurna y del Manaslu. Pero vaya, tampoco es que tenga nada de particular.

Puente hacia Karte (©Iñaki Barettini)
Cola para pasar (©Elena Castillo)
Llegando a Danaque (©Elena Castillo)
La jornada sigue y llegamos a Danaque. Por el camino nos hemos encontrado al infame grupo de israelíes al que hemos adelantado, ya que cada vez que estamos cerca de esa gente, es tal el griterío, el follón y la energía negativa que emana a su alrededor, que aunque no quieras, huyes despavorido nada más que te los encuentras. En Danaque me quedo a esperar a Elena, ya que nos hemos separado y hemos seguido cada uno nuestros propios ritmos. Durante todo el rato que dura mi espera, ante una taza de té verde que ya se está terminando, dudo de si quedarnos a hacer noche en este pueblo, o ir un poco más hacia adelante. Cuando ella llega, decidimos continuar, por dos motivos: Es insufrible lo pesadas que son las moscas aquí. De verdad, no te dejan en paz. Resulta cómico ver como toda la gente, entramos en el pueblo pareciendo molinos de viento con nuestros brazos dando paladas al aire para tratar de ahuyentar a una autentica horda de moscas salvajes que no te dan ni un segundo de respiro. Y por otro lado, a la vez que llega ella hemos oído un griterío en la distancia que no puede ser otro que el grupo de simpáticos de esos que ya no lo digo, de los cuales vamos huyendo desde que nos los encontramos hace dos días…

Así que seguimos para adelante. Teóricamente, el siguiente pueblo se llama Timang y esta a media hora. Pero aquí en los mapas nepalíes, conceptos como distancias, desnivel, tiempos o kilómetros tienen digamos, bastante “margen de maniobra”. Algo así como cuando te dicen que ya te traen la comida y luego tardan hora y media. Pues parecido… Así que lo que iba a ser media hora, se convierte en hora y media, y lo que eran unos 100 metros de desnivel, pues en casi 400 de una empinada ladera que nunca parece tener fin. En el camino, cazamos al trio compuesto por el alemán, el americano y el indio. Con este último, vamos hablando un poco en español, ya que al parecer había vivido en Barcelona una temporada, y bueno, el hombre tenía ganas de practicar, por aquello de no perderlo… Además, como dato curioso, se llamaba Kailash, como la montaña sagrada del Tíbet. Todo un caso de devoción la de estos hindús...

Dura subida hacia Timang (©Elena Castillo)
Antes de llegar, nos queda la anécdota de la jornada. Parece que el destino final está cerca, pero como aquí cerca tambien entra dentro de los conceptos relativos, decidimos parar antes en una casa destartalada en la que vemos que sirven bebidas y comidas. Así que pedimos algo sencillo para comer, un "fried rice" y unos "noodles", lo típico y un tecito para beber. Nos cuesta bastante entendernos con la señora, que tiene pinta de ida y además es muda. Parece que por aquí hay bastantes mudos, ya que no es la primera que nos encontramos. Nos preguntamos si no será alguna extraña y antigua costumbre, ya que todos estos mudos que hemos visto no tienen lengua…. No será que se la cortan en plan castigo si es que les pillan haciendo algo malo, tipo robar por ejemplo?… No lo sabemos, pero la señora sin lengua, que parece que no tiene prisa por hacer la comida, trata desde la distancia de hacerse entender con nosotros por medio de gritos, signos, aspavientos de brazos y todo tipo de gestos. En una de estas que la vemos deambular, entra que sal, sal que entra en la casa, empieza a reírse como una loca mientras tira piedras a las gallinas que hay por allí desperdigadas y estas huyen despavoridas cacareando. La muy loca grita aun mas mientras nos mira y emite sonidos guturales que creemos pretenden ser sonrisas. Comemos rápido y nos largamos, pitando porque nosotros, solo habiamos parado alli para comer, y la verdad, vaya película…

Lectura despues del largo dia (©Elena Castillo)

Llegamos a Timang y nos alojamos en el primer lodge que vemos, el cual está bastante bien, aunque sin agua caliente. Allí nos encontramos con el alemán, el americano y la pareja de franceses, Sophie y Vincenc que hemos viendo estos días. Todo esto en una terracita donde por fin empezamos a disfrutar de las vistas. Detrás nuestro aparece el Manaslu entre la niebla y ya empiezo a calentar motores para lo que se nos avecina en las próximas semanas. Ahora es cuando empezamos a notar donde estamos, en los Himalayas, con las montañas más altas del mundo, entre los grandes, donde nos corresponde!

Ole! 


Texto: ©Iñaki Barettini
Fotos: ©Iñaki Barettini (inakibarettini@hotmail.com) y ©Elena Castillo (elenafcp@hotmail.com)

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