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Bagan, un templo a la memoria

Templos y más templos. Nunca se acaban, pero nunca te aburren. Así es Bagan. Uno de los lugares más míticos de Myanmar, tambien de los más turísticos, pero a pesar de ello, uno de nuestros lugares favoritos. Ese que dices, "Si vas a ir a Birmania y te tienes que perder algo, sea porque no tienes tiempo, por falta de ganas, o por lo que sea, por favor, mejor si no es Bagan..."

Estuvimos allí 3 días, uno descansando después del viajecito en barco desde Mandalay y los otros dos visitando templos por nuestra cuenta. Alquilamos una bici y nos pasamos dos días completos dando tumbos aquí y allá. A pesar de que tambien había la posibilidad de ir en carro de caballos, pensamos que era la opción mas sencilla y tambien la más natural para descubrir la zona (aparte de la más barata). La verdad es que todo está muy cerca, lo que pasa es que puede ser bastante cansado, por el calor que pega a partir de muy muy pronto (a las 9 de la mañana ya luce un Sol de justicia) y tambien porque hay algún tramo con cuestecilla que depende del tiempo que ya lleves encima de la bici, se puede hacer eteeeeeeerno.

 El primer día visitamos los más famosos, o al menos, los que dicen serlo, esos que en teoría no te puedes perder. Lo bueno de Myanmar es que como apenas es turístico, tampoco es que se haga muy pesado visitar lugares de interés. Si, ver, pues ves guiris, pero para nada como por ejemplo, en Vietnam o en Tailandia. Lo que más pereza da es ir esquivando a los omnipresentes vendedores de cosas. Hay de todo; las niñas suelen ir con pulseras, collares y baratijas de todo tipo; los chavales se van más por el tema pinturas. Así que no es raro que te internes por un caminillo para ver ese templo, ese que desde la carretera se ve bastante perdido, donde se supone que no hay nadie, y no!, error! Es muy posible que siempre haya alguno de estos nuestros amigos por ahí intentando colocarte algo. Pero son simpáticos, un poco pesaditos a veces, pero se puede hablar con ellos, incluso hasta vacilar y pasar un rato divertido con alguno. Recuerdo especialmente a uno al que vimos un día por la mañana, que nos empezó con la tabarra de que le compráramos pinturas, pero le dijimos que "sorry sorry"pero que nosotros de comprar nada, que éramos mal negocio para él. Que mejor fuera donde los "japos" ya que esos tenían más dinero y seguro que les encalomaban algo. El chaval se fue tan feliz porque hablando hablando, le enseñamos como decir "una pintura, dos pinturas, tres pinturas” en español. Luego por la tarde, nos lo volvimos a encontrar en otro sitio diferente y nos decía “Ehhh, cómprame una pintura amigoo”, todo orgulloso de que había aprendido a decirlo tal y como le habíamos ensenado. A pesar de no comprar, nos despidió agradecido de haberle hecho el favor con las pequeñas clases de castellano… Se ve que hay bastantes turistas españoles por aquí en esta época del año. De hecho, en un restaurante en el que cenamos una noche (El Lotus, muy recomendable, por cierto), nos dijeron que a los meses de Agosto y Septiembre, ellos los llaman la "Spanish Season". Increíble!
Quieren fotos con nosotros, les parecemos exoticos!
La nina con las pulseritas...
Pedazo de estupa!
A mi las letras birmanas me parecen el comecocos...
Deliciosa comida!
Durante esos días coincidimos en el hotel con dos americanos de New Orleans, Luz y Bethany. Viajaban a la vez que estaban trabajando, todo un lujo, algo bastante difícil de entender para nuestra mentalidad hispana (no son los primeros que nos hemos encontrado que trabajan y viajan a la vez). No eran pareja, bueno de hecho Luz era un hombre, aunque para nosotros sea nombre de mujer. Se conocían desde hacía muchos años y solían viajar juntos ya que al novio de ella eso de los viajes no le iba nada. Además Luz (pronunciado Lusss) era gay, algo que se encargaba de comentar de forma completamente natural y sin ningún tipo de vergüenza, con frases del estilo "with my last boyfriend, we went to....", o "Eyy guy, yes I'm gay, what's wrong with you???", lo cual no hizo sino crecer más mi admiración por él. Una persona culta, amable, inteligente y sin ningún tipo de tapujo o recelo en mostrarse tal cual, ante una pareja de completos desconocidos. Joder!, pensaba, este es el tipo de gente que quiero conocer en mi vida! Lástima que ahora ya se esté terminando el viaje! Solíamos vernos en los desayunos, los cuales alargábamos charlando durante un buen rato. La última noche fuimos de cena a un restaurante Thai buenisimo, el Bibo (Sin “ele”, sino ya hubiera sido la repera!!), en el que una noche anterior ya habíamos cenado nosotros de forma ES PEC TA CU LAR!  A la cena se nos unió Arancha, una madrileña que viajaba sola y con un acento un poco extraño, me sonaba medio asturiano, medio gallego, incluso de algún país de Sudamérica que no podía identificar. Pero no, era de Madrid...! Tuvimos una cena genial, uno de esos momentos mágicos de un viaje que se queda grabado en tu memoria para siempre. Un lapso de tiempo durante el cual pasas de no conocer a alguien, de ser unos "perfect strangers" a compartir grandes momentos, a revelar sentimientos, secretillos, confidencias... y que quizá no serias capaz de mostrar ante otras personas más cercanas. Espacio y tiempo se conjugan, se alinean caprichosamente para que eso sea así por unas pocas horas, y aunque sepas que quizá no vuelvas a ver a esas personas nunca más en tu vida, te alegras de haberte cruzado con ellas, y sabes, intuyes, que no es casualidad el haberlas conocido, que ellos te estaban ahí esperando, para decirte que tú no eres una excepción, que no eres el raro, que existen esas tus almas gemelas por ahí, pululando por el mundo, con un mensaje para darte: "Eh!, no estás solo!, continua!, yo tambien estoy como tú, sigue por ese camino, merece la pena". Y es en ese momento cuando tu concepto de amistad se tambalea, se redefine. Dándole vueltas a que es la amistad, en que hace falta para que seamos amigos, llegas a una simple y aterradora conclusión: Nada! Solo conexión, voluntad y generosidad. Aquí no hay obligaciones, no hay lazos, no hay apego. Solo conexión!

Quizá en Bagan, donde los templos son el máximo exponente de la memoria, de la perdurabilidad y del legado de nuestros antepasados, me di cuenta que tambien no son sino una forma más de tratar de abarcar lo inabarcable, un vano intento de hacer perdurar en el tiempo aquello que no es más que transitorio, perecedero. Que nuestro paso por el mundo es etéreo, un suspiro, un soplo, un instante, como las horas pasadas con estas personas, nuestras almas gemelas, un solitario nanosegundo para la historia del Universo, pero un tiempo eterno para nosotros, en el que dejamos escrita la bonita pagina de nuestro encuentro en aquel restaurante, como una obra de arte, un instante congelado, grabado, esculpido para la historia como nuestro templo particular. 

Nuestra pequeña contribución al arte y a nuestra memoria en ese bello lugar llamado Bagan.

Las bicicletas son para ir de templos!





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