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Koh Phangan: Dos trekkings, dos miradores, dos waterfalls y una de Tarzan

Atardecer en Haad Yao
Tras una extraña y un poco frustrante experiencia en Samui sentíamos la necesidad de reencontrar el contacto perdido con la Naturaleza. Nueve días de tráfico, polución y densidad humana eran ya demasiados. Así que urgía buscar de nuevo la paz y el sosiego. La isla de Koh Phangan estaba justo enfrente, a una hora en ferry, así que hacia allí nos dirigimos en busca de, como dicen hoy los deportistas de moda, recuperar "sensaciones".
Koh Phangan es famosa por sus fiestas. Parece que todo empezó en la década de los 80, con una fiesta mensual cada día de luna llena, la "Full Moon Party". Después, como irse de farra solo una vez al mes puede saber a poco a los muy fiesteros, se inventaron otras; la "Half Moon Party", la "Black Moon Party", la "Pirata Moon Party", etc. Así que más o menos, cada semana hay una fiestecita importante, y tanto los locales como las hordas de backpackers, hippies, rastas y demás tribus venidas para la ocasión, tienen con que pasar el rato entretenidos. Esto cada mes de cada año. No es mal plan, siempre y cuando te vaya ese tipo de plan, claro...

Nuestra historia iba por otros derroteros bien diferentes, así que decidimos alojarnos en el otro extremo de la isla, lo más lejos posible del barullo. Concretamente en Haad Yao (Long Beach). Por  nuestra experiencia en otras islas,  cuando hay una playa llamada así, esta suele ser la más turística y poblada. No era ese el caso de Koh Phangan, ya que el lugar era tranquilo y no había mucha animación. Mejor así, aunque algún día llegó a parecernos que esa zona estaba demasiado muerta en comparación con otras. Pero con una moto, todo tiene arreglo...

Ese peazo de moto!
Nada más llegar ya vimos que la isla era eso, una isla. Con la excepción de Haad Rin (el córner del barullo), los demás pueblos eran tranquilos y con una atmosfera relajada. Si a eso le unimos un interior montañoso, de jungla tropical y con muchas opciones de actividades al aire libre, pues parecía que sí, que esta vez habíamos dado en el clavo. 

Así que no perdimos mucho más tiempo y en los siguientes días nos dispusimos, sin apenas descanso, a completar varias excursiones. Parecíamos un poco como esos deportistas que habiendo estado lesionados, se hubieran pasado mucho tiempo sin poder jugar con su equipo, y ahora, recién recuperados, tuvieran "hambre de títulos". 

Camino de Khao Raa
En los siguientes días hicimos dos trekkings bastante exigentes, teniendo en cuenta las particulares condiciones de caminar por la jungla; mosquitos, caminos muy cerrados llenos de ramas y raíces, calor tropical y una humedad que me hizo sudar como no recordaba! Uno, al punto más alto, Khao Raa, a 627m de altura, todo un desnivel para ser una isla! Más de dos interminables horas y unas cuestas dignas del mismo Nepal. En la cima llegó la recompensa con unas espectaculares vistas y un merecido descanso. También había que hacer tiempo para que se secara la camiseta al Sol… A la bajada, que más se puede pedir que encontrar una poza donde poder echarse un bañito y secarse todo el sudor? Pues ahí que estaba el lugar ese para poder hacerlo. 

Mas que merecido!
En la cima, con sudor  pero sin lagrimas...


Otro trekking fue a "Bottle Beach", un larguísimo y precioso camino por la costa, difícil de seguir de no haber sido por todas las botellas de plástico que colgaban de los árboles y que servían de hitos señalizadores. Esto nos hacia preguntarnos "¿Por qué se llamará la playa Bottle Beach? Será quizá porque el camino que lleva hacia ella está marcado con hitos de botellas? ¿O igual es que el camino está marcado con hitos de botellas porque indica que por allí se va a Bottle Beach?" Huevo o gallina, gallina o huevo, nuestro particular ser o no ser de ese día... Al llegar a la playa, todas nuestras dudas se disiparon con un buen baño en aguas transparentes y una merecida comida y sobremesa en un garito con ambientillo “chill-out”. Menos mal que no tendríamos que repetir el camino de vuelta, ya que estábamos para el arrastre, y un "long tail" nos dejo en tan solo 20 minutos en el lugar de partida, un poco frustrante teniendo en cuenta que nos había costado hacer el mismo camino en unas tres horas andando...
Las botellas nos marcan el camino
Camino de costa hacia Bottle Beach
El esfuerzo merecio la pena
Es de suponer que haya cocoteros en esta playa...
Eso por lo que respecta al apartado trekkings. En el de waterfalls tuvimos otras dos muy interesantes. La primera llamada “Phaeng Waterfall”. Para ir allí nos internamos dentro del parque nacional de Than Sadet, donde para nuestra agradable sorpresa no tuvimos que pagar por entrar. En este tipo de países los gobiernos se dedican a llamar Parque Nacional, así, en mayúsculas, a cualquier bosquecillo con tal de justificar un buen pellizco en el cobro de entrada, sobre todo a extranjeros. Pero o era festivo o es que estaban de huelga, pero el caso es que nadie nos pidió un solo baht, así que mejor! Como siempre, al escapar de los circuitos más concurridos es donde encuentras las mejores experiencias, así que no hizo falta más que subir un poquito más arriba para escapar del gentío y poder bañarnos en solitario. Anteriormente yo me había escapado un momento para ir al mirador  “Dome Sila ViewPoint", una buena subida donde contemplar la villa de Ton Sala y la isla de Koh Tae Na. 


Buenas vistas
La otra waterfall la encontramos un día de casualidad yendo en moto. Se llamaba Wangsai; no, no es el nombre de un plato de noodles, aunque lo parezca... Paramos a la entrada de un camino, al lado de una pequeña casucha de donde salió una señora de edad indefinida (o más bien infinita) medio hablándonos, medio gritándonos en Thai. No le entendíamos nada, pero al final dedujimos que lo que quería era que le pagáramos por aparcar la moto en su caminito, o que si no nos fuéramos con viento fresco. Como alguna otra vez ya habíamos tenido algún follón por el mismo motivo, pagamos religiosamente a la señora lo que nos pedía: 10 Bahts, tampoco mucho gasto, unos 0,25 euros, casi casi lo que cuesta un minuto de parking en el Paseo de Gracia, vaya... Y así fuimos a esta cascada, bajando y bajando por entre la selva, y yo con estos pelos... (entiendase en chanclas medio matándome). Al llegar nos sorprendió gratamente encontrar una gran poza donde bañarse, enorme, no podíamos pensar que de repente, en aquel estrecho valle, apareciera algo asi  Pero ocurrió y no pudimos más que aprovechar la ocasión...
Poza enorme; Wangsai Waterfall
También tuvimos la experiencia desagradable de la isla. Fue el día que visitamos Haad Rin,  el infausto e infame lugar donde se celebran las parties. El caso es que el sitio era una desagradable sucesión de chiringuitos de playa lleno de guiris y chusmas varias, con una playa preciosa pero totalmente destruida por la presencia de todos esos bares y discotecas a pie de playa, muros de hormigón y riachuelos de liquido asqueroso desembocando al mar. El agua era verde y transparente, menos mal, ya que así podías ver y evitar pisar los cristales rotos producto de noches etílicas y fiestas sin fin. En fin, que da rabia contemplar cómo la gente sólo busca beneficio a corto plazo y poco a poco se van destrozando los últimos reductos de Naturaleza, con la complacencia y complicidad de los locales, que no solo no hacen nada por evitarlo, sino que también son causantes directos de semejantes destrozos.
Nuestra estancia en la isla terminó en Haad Yao (Long Beach), la playa donde nos alojábamos y en la que apenas habíamos parado. Una cena la última noche acabó con una tormenta eléctrica de esas de película. Al fondo del mar se veían los rayos y se oía como los truenos se iban acercando peligrosamente. En cosa de una hora comenzó la descarga, menos mal que ya estábamos a salvo, bueno, menos yo, que salí un momentito a comprar algo al 7 eleven y me pillo el tormenton con apagón incluido, volviendo a oscuras y a duras penas encontrando el bungalow. 


Tranquilidad en Haad Yao (Long Beach)
Tormenta eléctrica para despedirnos
Un fin de fiesta pasado por agua, para recordarnos lo pequeños y vulnerables que somos ante esa Naturaleza a la que tanto maltratamos.



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