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Tour de Francia

Sábado de final de julio. Me siento en el sofá después de comer, el mismo sofá que tantos eventos deportivos presenció a lo largo de los años, y que vió como poco a poco, los fracasos y decepciones de los deportistas compatriotas, se fueron tornando en éxitos, inesperados y épicos al principio, anunciados y rutinarios después. Parece que hoy es una de esas etapas decisivas, en la que los favoritos se lo juegan todo a una carta, una contrarreloj en la que, como su nombre indican, luchan contra el tiempo (como si se pudiera luchar contra Ése) por parar ese reloj lo antes posible, en la hora y el minuto más cercano a la hora de salida. Son pocos segundos los que separan a ambos contrincantes. El entusiasmado locutor cuenta que nunca antes en la historia llegaron los favoritos separados por tan poco tiempo al final, y que no sabemos lo afortunados que somos, que es un lujo y una suerte estar vivo en esta época para poder presenciar en directo tan magno acontecimiento. Un "eso lo viví yo" que podremos dejar a nuestros hijos y nietos de legado, cuando después de muchos años se hable del día de hoy. "- ¿Te acuerdas aquel año en que menganito y funalito llegaron al final sólo separados por ocho segundos? diría un entusiasta padre o abuelo hoy sentado delante del televisor, cuando la misma escena se repitiera otro sábado de final de julio dentro de 30 o quien sabe, 50 años?
Pues bien, hoy es el día, y es el último, bueno, técnicamente no es el último, es el penúltimo, ya que el último es ese que dejan para correr por París, homenajeando al campeón, ya que existe una especie de acuerdo tácito para que nadie ataque al líder en ese último recorrido. ¿Qué pasaría en caso de que el aspirante hoy fuera capaz de reducir su desventaja, pero no lo suficiente, y quedara, digamos a uno o dos segundos del primero? Parece que nunca antes ocurrió, así que también somos privilegiados por asistir a esa incertidumbre...

Comienza el espectáculo, los corredores se muestran inicialmente nerviosos, incómodos subidos en la bicicleta, esa que a veces parece una extensión más de su cuerpo, en la que a lo largo de los años y de duros entrenamientos y carreras han aprendido a comer encima de ella, a charlar con los compañeros e incluso a hacer sus necesidades, eso si, lejos de las cámaras...Cámaras que hoy únicamente parecen tener ojos para esos dos protagonistas, cuya imagen van simultaneando una y otra vez. Las tomas aéreas muestran como el ciclista no corre solo. Al lado suyo se monta una parafernalia que incluye el coche del director, que le sigue, anima y da instrucciones y consejos de como afrontar la carrera. "- Corre, bien bien, dale dale, vamos, vamos, sigue así, fuerte!, duro!" son algunas de las palabras de aliento que se intuyen y a veces se escuchan cuando alguno de los micrófonos se cuelan por entre las motos. Porque las motos, omnipresentes, acompañan también a estos dos ciclistas, cada uno la suya, pegadas a su lado, el que conduce y el tipo de detrás que lleva la cámara. Hay veces en que desde estas motos también se les muestra un cartelito con en el que le indican la diferencia que lleva a sus perseguidores, pero hoy no. Hoy no se puede mostrar nada, hoy es un día especial, clave, crucial... Podria ocurrir que si la diferencia se fuera acortando, el ciclista se pusiera más nervioso aún, las piernas le pesaran, comenzara a agarrotársele el cuerpo y en lugar de correr, pareciera que caminara pesadamente, como un caracol con su casa a cuestas. Y en cambio, si la diferencia aumentara, quizá se relajara demasiado, pensara que la victoria ya está en sus manos y precisamente por eso, pudiera perder la ventaja y finalmente la carrera. Así que nada, hoy es mejor que no haya cartel alguno, el ciclista sabrá si va bien, mal o regular en función del tono de las voces que le lleguen desde el coche del director, esos impercetibles cambios de sonoridad de los gritos, esos nervios ahogados, que con el paso de los años de entrenarse juntos, han creado un código de comunicación especial, sólo perceptible por ambos.

Me pregunto cómo puede el ciclista concentrarse, porque además del coche del director y de las motos, no hemos dicho nada del helicóptero, que suele revolotear y nunca mejor dicho, para mostrar alguna toma aérea con la que deleitar al espectador, para que este no solo tenga el aliciente de ver la carrera, sino también de que haga un pequeño y particular viaje por Francia, sentado cómodamente en el sillón de su casa, contemplando quizá unas bellas vistas aéreas de la región central francesa, o quien sabe, de los Alpes o de los Pirineos, que le traigan a la memoria lejanas excursiones o caminatas realizadas por aquellos valles y cimas majestuosas, y le recuerde que él estuvo allí una vez, y ahora que lo vuelve a ver desde arriba, no parece que haya cambiado tanto, sigue el monte tal o cual como siempre, con ese saliente o pico tan característico desde ese ángulo, ¿o quizá no? Quizá sea otro y no lo ha distinguido bien desde esa posición. Pero que más da, ya no hay tiempo, la imagen vuelve de nuevo a los corredores, o a los aficionados, que salen a la calzada y casi chocan con los ciclistas, a pesar de los policías que cuidan de que nada ocurra, siempre hay unos cuantos individuos especiales, disfrazados, con banderas, con caretas, con la cara pintada y que animan a uno y a otro, que esto no es como el fútbol, que eres de un equipo y no del otro, que éste es un deporte noble, de hombres duros y recios, sufridores en esa lucha contra el crono, contra las empinadas rampas y las etapas interminables de más de 200 km bajo un sol de justicia de finales de julio. Aquí todos son admirados, aplaudidos, vitoreados, todos son héroes, lo mismo da el equipo o la nacionalidad...

La carrera transcurre, y las diferencias oscilan, ahora el rival se acerca, ahora se aleja. No parece haber mucha diferencia entre ambos, la carrera está como se suele decir "en un puño" y la emoción no puede ser mayor, lo cual tengo entendido que es muy bueno para las audiencias. Al aproximarse el final, el corredor perseguidor, el que va detrás en la clasificación y por eso sale antes en orden inverso, ya ha cruzado la meta y el otro corredor, que hace de perseguidor pero en realidad es perseguido por el primero, ya solo le queda un último esfuerzo. Nuestro líder viste integramente de un color amarillo chillón, para que se le distinga y quede bien claro quién es el, quién manda aquí. Tiene margen de tiempo para entrar en la meta, uno o quizá dos minutos para llegar y coronarse como el mejor, parece que no es la primera vez que lo consigue, pero repetir éxitos siempre es especial. Ya se acerca, sólo dos o tres curvas más y de no haber ningún desfallecimiento, caída o avería mecánica, la victoria será suya, que ya sería mala suerte que eso ocurra ahora, así que no lo mencionamos más. Todo está preparado para su entrada triunfal, el corredor va muy concentrado y apenas piensa en otra cosa que no sea la siguiente pedalada, y después de esa, la siguiente y así sucesivamente. Sabe que queda poco, no cuanto exactamente porque como ya hemos dicho por su cabeza solo pasan las pedaladas, pero parece que a pesar de seguir, es como si no llegara nunca, "- Esto debe ser eso que dicen que justo antes de que ocurra algo grande, importante, algo por lo que llevas luchando toda la vida, el tiempo no parezca transcurrir y los segundos se hagan minutos e incluso horas" se dice, por eso le parece que no llega nunca la meta, pero él sigue y sigue. De repente siente que ya llegó, que ya cruzó, pero no, se equivocó, los aplausos y el griterío lo confunden. Por primera vez siente un sudor frío, "- ¿Me quedará tiempo? Me da la sensación que ya debería haber llegado. No parecía tan largo este tramo final cuando vinimos aquí a estudiar los recorridados de las etapas hace ya unos meses" Pero es un flash, acto seguido ya no se permite más pensamiento que continuar. Otra curva, y parece que ya está. Pero nada. De repente ya no escucha nada, ni público, ni gritos, ni jaleos ni aplausos. Piensa que debe ser su extrema concentración, pero esta vez no es así. Se da cuenta de que ya no hay nadie, el público ha desaparecido, las familas con sus hijos que vinieron a pasar una bonita tarde en este bucólico pueblo del centro de Francia, ya no están. El ciclista continua pedaleando, pero por inercia, porque se incorpora en su bicicleta de esa posición agachada en la que lleva parece llevar siglos encorvado y comienza a mirar. No, no hay nadie, ni gente, ni motos, ni el helicóptero, ni el coche de su director. "- ¿A dónde se fueron todos, carajo?. ¿Qué broma es esta? Yo tenía que ganar y entrar triunfante, me lo merezco, ¿dónde está la gente? ¿cuándo se hizo de noche?" Porque sí, es cierto, se hizo de noche, la gente recogió sus cosas y se marchó, cansada de esperar a que entrara el líder y de que no llegara nunca. Así que todos los premios y agasajos dispuestos para él se fueron para su rival, su perseguidor, que había ido siempre por detrás de él, pero se aplicó más al final e hizo lo que debía, entrar a su hora. Ahora él es el héroe y ganador, y el líder, que ya no lo es, vaga por las carreteras tratando de saber dónde se equivocó, en qué lugar giró donde no debía, o no lo hizo donde si debía. Y si fue así, ¿por qué nadie le advirtió? ¿por qué nadie le esperó? y en su desesperación, trata de despertar de esta historia, de esta novela macraba en la que seguro se metió por accidente, en este cuento desesperante que lo eligió a él como funesto protagonista de un escritor de tercera que no tenía otra cosa mejor que hacer que ponerse a escribir un relato sobre el Tour de Francia, en una tórrida tarde de sábado de finales de julio...

Pequeño

Siempre he pensado en ese gran álbum de Bunbury llamado "Pequeño". Tanto la música como las letras siempre me inspiraron. A pesar de que haga más de 10 años que se publicó, no he dejado de darme cuenta de muchas cosas en este tiempo, como si éste, hubiera hecho hacerme comprender las sutilezas y esas pequeñas cosas, esos detalles, que cuando somos más jóvenes nos perdemos por la prisa con la que queremos hacerlo todo.
Uno de esos detalles "ocultos" lo he ido descubriendo en la letra que da título al disco, Pequeño, cuando dice "...de pequeño me enseñaron a querer ser mayor, y de mayor voy a aprender a ser pequeño...". Seguro que las primeras veces que lo escuché, debió parecerme un contrasentido, una frase ocurrente y rimbombante de su autor, de esas a las que nos acostumbraba con los Héroes...Pasado el tiempo, la frase fue cobrando sentido... A lo largo de los años, he visto como durante toda mi vida me empeñé en hacerlo todo deprisa, llegar rápido a las metas que tu entorno y tu mismo por ósmosis, te vas poniendo (y auto-obligando). Crecer deprisa, experimentar mucho, comenzar cosas y terminarlas lo más rápido posible. Carreras universitarias, masters, idiomas, trabajos fijos y bien pagados, encontrar pareja, casarse, tener propiedades (piso, coche, vacaciones cada verano y escapaditas de puentes, fines de semana...), hijos... De pronto un día te levantas y tienes 35 años, con todo ese "curriculum" a tus espaldas y te dices...Y ahora..., ¿qué hago? ¿Qué quiero ser? ahora que ya soy "mayor"... Entras como en una especie de "estatus" en que te parece (luego te das cuenta de que erróneamente) que ya lo has hecho todo, ya has cumplido tus metas, y con más de media vida por delante, parece que ya no queda nada nuevo que hacer más que repetir mecánicamente lo ya aprendido...y ahí viene la crisis...Por eso es tan popular ese término anglosajón  del "Mid Life Crisis" (ellos ya sabemos que tienen siempre palabras para definirlo todo), ese llegar a los 35-40 años y estar de "vuelta de tó", ya no crees en nada, ni en nadie y desconfías de todo aquel que te dice que no, que aún quedan cosas por hacer, que aún se puede cambiar el mundo...- Qué iluso, piensas....- Ya te tocará a ti, y esbozas una sonrisa entre cínica y maliciosa, sabedor de que tu ya has pasado por ahí...
Pues no, me quiero rebelar, y como dice la canción, ahora que ya soy mayor, quiero aprender a ser pequeño, a ilusionarme de nuevo, a tener metas, pero disfrutando también del camino hacia ellas, a emocionarme de nuevo con las cosas, a pensar no que ya he vivido media vida, sino que aún me queda más de la otra mitad por delante, y que, aunque suene a ya dicho, lo mejor, siempre, siempre está por llegar. Y por si acaso, para que "cuando cometa otra vez el mismo error, quizá no me lo tengas tan en cuenta"

Ansied@d

Sigo con mis temas 2.0, orientados a Marketing. Google Adwords, YouTube, redes sociales y todo eso... O sea, nada nuevo. Lo que si me ha sorprendido, o quizá más que sorprenderme, ha sido darme cuenta, de algo que me han repetido hasta la saciedad: La gente no lee en internet. No leemos dicen...Resulta que las páginas con mucho contenido, con mucho tema para leer y analizar, son las primeras de las que huyen los usuarios, con prisa para hacer desde casa todo lo inimaginable hace unos años, las vacaciones, la compra del súper, comprar ropa, "ir" al banco...

La verdad es que, analizandolo, me dí cuenta de que a mi me pasa lo mismo. Me exasperan esas páginas que se eternizan en cargarse porque son "pesadas". ¿Y qué decir del odioso intro con Flash, del cual huimos como alma que lleva el diablo buscando el botoncito de "skip intro"...? ¿O las páginas con musiquita pegadiza de la que ya no te olvidas en toda la tarde? ¿O esas otras con palabrería de lo buenos que somos, nuestro "mision" and "vision" que ya no se cree nadie? ¿Pero no se dan cuenta de lo ridículos que resultan...!!??

Bueno, aparte de estas websites tan penosamente diseñadas y para las que tendríamos alguna disculpa para pasarlas corriendo...., ¿no parece que es cierto? ¿No vamos también con demasiada prisa en internet? Quizá antes, cuando empleábamos tanto tiempo en hacer una serie limitada de cosas (ir al super, comprar ropa, hacer cola en el banco, pasar por una agencia de viajes) podría parecer que todo era como más "liviano", no había tantas "opciones" de ir aquí o allí... Hoy, con miles y miles de ofertas de cosas que son casi indiferenciadas, ¿qué hacer? ¿cómo no volverse loco? ¿Cómo no tener ese síndrome de click nervioso, impulsivo y "zappero" para navegar de un sitio a otro rápidamente buscando la mejor oferta, el mejor precio?

Quizá nos han engañado con internet, o hemos pensado lo que no era. Nos prometieron que todo sería más fácil y barato, y si que lo fue al principio...., ¿pero ahora? Hoy, que cuando haces una boosgleda (perdón búsqueda, se me fue la mano...) y te salen cientos de miles de páginas sobre ese tema... ¿cómo escoger? ¿cuántas páginas habría de mirar como mínimo? ¿a cuántos de mis amigos en las redes sociales habría de preguntar su opinión sobre tal o cual marca? ¿o en cuantos foros habría de consultar noticias sobre el tema en particular?
Hoy me siento saturado, información por todos los sitios, eso es lo que precisamente ya no falta, y sin embargo...¿somos más felices? ¿realmente, tenemos más tiempo "libre"? Ahora que lo usamos para conectarnos, chatear, buscar info, comprar, comprar...¿tenemos más opciones? ¿somos más libres?